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Clínica de las anorexias y bulimias

Una de las formas más actuales e inquietantes del malestar en la modernidad son los llamados "trastornos de la conducta alimenticia". De acuerdo a la enseñanza de Jacques Lacan, los principios que la gobiernan son: "la pasión por la nada", "la contemplación de la imagen en el espejo", "el apetito de muerte", "el dominio imperativo del Superyo", "el empuje melancólico a la Cosa" y su fundamento histérico. Es desde estos principios, que ofrezco una construcción y articulación teórica de conjunto.

En el tratamiento de las anorexias se perfila un uso diverso del psicoanálisis. Un uso que acentúa no tanto el valor semántico de la interpretación sino la necesidad de un tratamiento preliminar del goce, la centralidad del acto analítico y lo crucial del tratamiento de la demanda.

Podríamos pensar que la anorexia como la bulimia consiste en mostrar, según estrategias solo aparentemente opuestas, toda la distancia que separa la satisfacción simbólica del signo de amor, de la satisfacción asociada al objeto de consumo. La anoréxica arriesga la vida misma, se niega radicalmente a toda satisfacción del objeto, para tener un signo de amor del Otro (familiar, social, cultural) que confunde sistemáticamente el estatuto del deseo con el de la necesidad y entonces, responde a la demanda de amor del sujeto con su papilla asfixiante. La bulímica, al contrario, trata de compensar la ausencia del signo de amor, o sea la frustración de su demanda de amor, a través de la persecución continua e infinitamente voraz del objeto-comida. En el centro de ambos movimientos encontramos la pasión por el signo de amor.

El deseo anoréxico es como el deseo de la larva (al igual en este punto con el toxicómano), o sea, no dialectico, parasitario, enquistado y sin circulación, mortífero; que al contario de estar simbolizado en una demanda de amor se basa en la anti simbolización, no metáfora y separación absoluta de toda forma de demanda. Por eso es que resiste a la interpretación exigiendo un tratamiento preliminar como condición de entrada del sujeto en el dispositivo de la cura.

La anorexia es una maniobra de separación del sujeto del Otro, allí donde el Otro de la demanda parece sofocar toda falta, a menoscabo del deseo (llena al sujeto con su papilla asfixiante sin dar al sujeto un signo de su amor). Esta maniobra se condensa en la expresión “el rechazo como deseo”, en el sentido de que es, a través del rechazo, que el deseo puede sobrevivir al atentado de la demanda del Otro.

Se trata de la oscilación entre la asunción del rechazo como expresión del deseo, como escudo del deseo y al contrario la asunción del deseo como residuo, como resto, como degradación del deseo mismo a objeto rechazado.

El deseo como desecho se encuentra en primer plano en la oscilación melancólica de la anorexia. El deseo es rechazado y se anula en el goce puro de la pulsión de muerte, en un goce larvado y parasitario. El sujeto no defiende a través del rechazo su subjetividad sino que se encuentra degradado a un objeto residuo: momificación, desvitalización. La anorexia encarna un muro que trata de contraponerse al muro del lenguaje: muro contra muro. Es el carácter obstinado, fuera de la dialéctica, radicalmente narcisistico de la anorexia contemporánea.

Un elemento fundamental de la dirección de la cura en la anorexia – bulimia es la de hacer visible el riesgo mortal del cuerpo. Es la de oponer a la exterioridad estética de la imagen del cuerpo - flaco, el interior obsceno y no dominable del cuerpo mortal.

Pero el cuerpo del parletre no es un cuerpo de puro funcionamiento; en los “animales enfermos de lenguaje”, mientras más se eclipsa la palabra más proliferan sobre el cuerpo los signos de lo que no se puede decir pero no por ello deja de hablar a los gritos.

El grito permanece en su estatuto de grito hasta que algún Otro lo escucha, resignificándolo como un mensaje que le ha sido dirigido.

La clínica contemporánea es más bien una “clínica del Otro materno”: se trata de la sustancia, es decir, de la Cosa, del goce del cual hay siempre “demasiado”: o “demasiado poco de sustancia” (anorexia) o “demasiada sustancia” (drogadicción).

S1, significante amo, representa al sujeto para otro significante S2, significante del saber del Otro. El sujeto es representado al precio de la pérdida de un fragmento de goce: el objeto (a). Este objeto perdido causa la separación entre los dos significantes y da lugar a la metáfora. En cambio, el mecanismo llamado por Lacan Holofrase, se produce sin dar lugar a ninguna perdida. Pero no perder nada es condenarse a no existir. En la holofrase, el sujeto deviene solidificado en una especie de monolito S1-S2 sin intervalo. La inscripción de ese bloque totalizante, sobrepasa las posibilidades de lo simbólico produciendo una cristalización sin metáfora.

Repetir el enunciado, sin tener en cuenta el lugar de la enunciación, produce identificación imaginaria.

Parrafos seleccionados del libro de Recalcati, M., La última cena: Anorexia y Bulimia. Ediciones del Cifrado, Bs. As. 2004.

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Lic. Massimo Recalcati
Trabaja en Milán como psicoanalista y es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, atesorando el Título AME. Fundador de JONAS (Centro de Investigación Psicoanalítica sobre los Nuevos Síntomas). Da clases en la Universidad de Bérgamo y en el Instituto Freudiano de Milán.