#anorexia-bulimia-presentacion

El proyecto de un Cuerpo Estético-Dietético Sublime

La anoréxica con su rechazo radical de la comida y la bulímica con su voracidad sin límites, resaltan la ruptura de la comensalidad con el Otro. La anoréxica se siente el judas expulsado del Otro. Por esto da vuelta esta exclusión del amor, convirtiéndola en odio mortal hacia el Otro y hacia su mesa. Será entonces, verdaderamente Judas. 

El amor no es una mercadería como otras, no se puede consumir. Y eso que sabe bien la anoréxica es que eligiendo comer la nada rechaza el mundo del tener y reclama su derecho a ser, su derecho al amor.

Ningún objeto puede colmar jamás el vacio de ser del sujeto. Nada, en efecto, ni siquiera el objeto-comida puede suturar la falta que habita al sujeto.

Cuando la bulímica come, no come comida sino come aquello que no se puede comer, como eso de lo que la comida hace simulacro. Come la Cosa. El objeto perdido para siempre de la primera satisfacción. Come el vacio. Un vacio no comestible y que justamente por eso causa la pulsión oral como empuje a una devoracion infinita.

El lamento constante de la anoréxica-bulímica: el Otro traiciona, abandona, es el Otro del no-amor.

La pulsión apunta a satisfacerse. Apunta a comer, no la comida, sino el vacio como cavidad, como residuo -imposible de comer- de la Cosa. Muestra siempre un resto real que la anoréxica quisiera borrar, controlar y dominar (los ideales por sobre lo pulsional) cuando la bulímica muestra obscenamente el resto real del goce que la acción sublimatoria de la cocina y la comensalidad no logran jamás inscribir en su totalidad dentro del campo del lenguaje. Vivirá en la culpa y el desprecio. Traicionara, engañara, esconderá la verdad, se esconderá. Buscara pagar quizás en todos los modos posibles el precio de su traición, pero solo indirectamente. Porque imputará siempre al Otro la causa de su mal. Y se transformara en un esqueleto viviente para hacérsela pagar al Otro, para chantajear su voluntad, para extorsionar al Otro de cuyo amor se sintió privada, a ese Otro que hecho de la mesa.

Anorexia y bulimia son dos caras de la misma moneda. Donde la anorexia indica la realización del Ideal del sujeto, la bulímica representa su naufragio asociado a la irrupción de lo real pulsional en la escena del Ideal.

La lógica que inspira el discurso anoréxico-bulímico es una sola. Por esto empleare la formula “anorexia-bulimia”, en vez de anorexia o bulimia; se trata de evidenciar al máximo posible la dialéctica entre la pulsión y el Ideal.  Esta lógica tiene en general una primera articulación de tipo anoréxico (al principio se aplica un régimen drástico que eventualmente podrá seguir el curso de una anorexia restrictiva propiamente dicha) y solo en un segundo momento tiene a transformarse en bulimia. Sin embargo nunca se suprime la función reguladora del ideal anoréxico del cuerpo delgado, porque hasta el vomito es en función de preservar la imagen anoréxica del cuerpo delgado. La bulimia seria como un dialecto de la anorexia. Es un descarrilamiento, un fracaso del proyecto anoréxico.

 

 

Parrafos seleccionados del libro de Recalcati, M., La última cena: Anorexia y Bulimia. Ediciones del Cifrado, Bs. As. 2004.

Lic. Massimo Recalcati
Trabaja en Milán como psicoanalista y es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, atesorando el Título AME. Fundador de JONAS (Centro de Investigación Psicoanalítica sobre los Nuevos Síntomas). Da clases en la Universidad de Bérgamo y en el Instituto Freudiano de Milán.