Aportes Freudianos para pensar la Toxicomania I

La droga puede funcionar como protección narcisista. El origen y naturaleza de la adicción no reside en el efecto químico de la droga sino en la estructura psicológica del paciente que busca en el consumo los efectos de satisfacer el arcaico anhelo oral - sexual. Es una necesidad de seguridad y de conservación de la autoestima la que el Farmakon viene a suplir.

"La masturbación es el primero y único de los grandes hábitos, es una protomania y todas las demás adicciones son como sustitutos y reemplazos de esta". El hábito es ante todo control del objeto. En el autoerotismo no se recurre a un objeto exterior, porque se separa la pulsión sexual de las funciones de autoconservación. La sexualidad se desliga del objeto de la necesidad, se entrega a la fantasía y por esto mismo se crea como sexualidad. No tiene referencia a una imagen unificada del cuerpo sino zonas erógenas y pulsiones parciales.

En la regresión el objeto droga se investirá como objeto de la necesidad. Aquél objeto mítico que se aparto de su origen y se constituyo en placer de órgano, sobre el modelo anaclitico o de apoyo, ahora pareciera volver a superponerse, metáfora que alude a las fantasías y al acto concreto de incorporar vía oral, como placer autoerótico y como modalidad identificatoria primaria, patognomónica de la etapa oral.

Narcisismo, no puede haber, sin narciso. Amor a la imagen de sí mismo.  Aquí el objeto coincide con el yo. Y este yo es tributario de la captación de su imagen, aprehende su esquema corporal. El espejo no es otra cosa más que la mirada, el reconocimiento de la madre, el otro. Ese yo se traga la imagen que recibe del espejo-madre, de esa otredad funcional. Se traga como identificación, sobre la modalidad oral incorporativa, y en el sentido de tragarse el cuento, que es necesario y eficaz. La posibilidad de que este narcisismo se constituya dependerá de un soporte externo, un yo auxiliar que funcione sin obturar, que no sea ocluido por otro narcisismo caracteropatizado y preexistente: el de la madre. Pensamos al yo como un encofrado, un sostén mentiroso al tiempo que necesario.

La regresión del dependiente adicto al narcisismo fallido. El factor disposicional. La fijación oral. Frustración y regresión. Elección del objeto “igual a sí mismo” homosexual.

Los que se hacen adictos son aquellos para quienes el efecto de la droga tiene un significante específico. Significa para ellos la realización o al menos la esperanza de realización de un deseo profundo y primitivo que sienten de una manera más apremiante de lo que es el caso de los anhelos instintivos en las personas normales. Ese deseo es un deseo de reparar el narcisismo fallido por omnipotencia negadora del narcisismo de la madre. Este intento lleva a una identificación primaria con el objeto primordial que es sustituido por el objeto droga, pero no como reemplazo, el objeto es el Otro, obtura la actividad simbólica y por lo tanto se despliega una indiscriminación, una confusión progresiva. Se vive en el imperio del principio del placer del Otro. El sujeto demanda (comida-amor) por demandar un reconocimiento que haga posible fortalecer su propio narcisismo deficitario y así poder diferenciarse del otro que lo ahoga. El yo no puede regular la distancia témpora-espacial con el otro, recurre a la identificación primaria compulsiva para llenar ese yo agujereado por déficit. Cada vez más el objeto es tratado como parte del propio cuerpo y equiparado a un órgano. En esta situación límite cada vez más el objeto es tratado como una parte del propio cuerpo del adicto que se repone en un cuerpo fragmentado, vivido siempre como a punto de desarmarse (falta la cohesión de la libido narcisista). Este intento fallido fracasa cada vez más con lo cual mas se empeña en adjudicarle grandiosos poderes a lo que se introyecte. Así la droga es cada vez más fantástica, imprescindible, vivida como la papilla ideal y su dosis irá aumentando.

Reaparece la actividad autoerótica a través de la ingesta como placer de órgano y desaparece la primacía genital (que ya era endeble) por un narcisismo primario fallido para estructurar las relaciones de amor objetal. La única identificación que preserva es la de la etapa oral. El modelo de la incorporación. La ingesta. En la regresión, la actividad sexual es precisamente comer y sentir placer en el órgano, el placer es placer de órgano y la confusión de vivir este placer como una necesidad. Cuanto más quiere separarse más consume, y más se aliena. Cree ilusoriamente que si incorpora más, mas refuerza su narcisismo fallido. Porque consume y se nutre del objeto que está en lugar del objeto primordial, más se confunde con el cuerpo del otro. Pierde los límites, mas idealiza a la sustancia. Sujeto y objeto coinciden hasta confundirse.

La dinámica es en espiral ascendente. Conlleva al ciclo “elación-euforia-depresión”, en donde cada vez el umbral de tolerancia al sentimiento de frustración, desamparo y vacio, se va desplazando en descenso, esto es cada vez es menor el periodo entre la ingesta (elación) la sensación de estar en armonía y satisfecho (euforia) y la depresión (nueva sensación de ansiedad y compulsión a incorporar). Cada vez aumenta más la dosis y la frecuencia, pero al par, el periodo depresivo se extiende y generaliza, la euforia va desapareciendo.

El narcisismo deficitario es incapaz de sostener la integración del sujeto, amenazado de desintegración, borramiento, desaparición en el universo omnipotente del narcisismo del otro, en el cuerpo materno. El objeto droga se puede dividir teóricamente en 2 aspectos. Uno parcial en donde se lo percibe fantasmaticamente como ideal, bueno, dotado de atributos omnipotentes. Y otro aspecto que es oclusor, en tanto es un objeto interno impostor de ser el Otro primordial, en vez de representarlo, se indiscrimina con  el Otro. El objeto es el Otro. Paradoja circular.

Párrafos seleccionados de: ALBERTO FARIAS y ABELARDO ANGHILERI. Adicciones. Institución y clínica. Editorial Abal – 1986. Cap. 3: “Otra vez mama” (del narcisismo deficitario)

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