SyP Jueves, 23 de Octubre
8 mayo, 2012 16:37 Imprimir

Los tres tiempos lógicos del Complejo de Edipo – por Jacques Lacan

“Lacan hizo un gran esfuerzo a lo largo de su enseñanza para ubicar a los padres del Edipo más allá del mito, en una lógica. Al seguir su derrotero, la perspectiva, que parece inicialmente complejizarse, se despeja finalmente, desmalezando nuestra practica de prejuiciosas intuiciones”. Flesler.

Jacques Lacan. El Seminario 5: Las Formaciones del Inconsciente (1957 – 1958). Ed. Paidós. Párrafos Seleccionados.

Lost Highway

IX

La metáfora paterna

La metáfora paterna concierne a la función del padre, como se diría en términos de relaciones interhumanas.

La función del padre tiene su lugar. Se encuentra en el corazón de la cuestión del Edipo.

Lo que revela el inconsciente al principio es el complejo de Edipo. Lo importante de la revelación del inconsciente es la amnesia infantil que afecta a los deseos infantiles por la madre y al hecho de que estos deseos están reprimidos. Dichos deseos son primordiales. Y no sólo son primordiales, sino que están todavía presentes.

1

El complejo de Edipo tiene una función normativa, no simplemente en la estructura moral del sujeto, ni en sus relaciones con la realidad, sino en la asunción de su sexo.

En el Edipo hay asunción por parte del sujeto de su propio sexo, es decir, para llamar las cosas por su nombre, lo que hace que el hombre asuma el tipo viril y la mujer asuma cierto tipo femenino. La virilidad y la feminización son los dos términos que traducen lo que es esencialmente la función del Edipo. Aquí nos encontramos en el nivel donde el Edipo está directamente vinculado con la función del Ideal del yo.

El ideal del yo, porque la genitalización, cuando se asume, se convierte en elemento del Ideal del yo.

2

Un Edipo puede constituirse también cuando el padre no está presente. El padre existe incluso sin estar.

3

El Edipo invertido nunca está ausente en la función del Edipo, quiero decir que el componente de amor al padre no se puede eludir. Es el que proporciona el final del complejo de Edipo, su declive, en una dialéctica, también muy ambigua, del amor y de la identificación, de la identificación en tanto que tiene su raíz en el amor. Identificación y amor, no es lo mismo – es posible identificarse con alguien sin amarlo y viceversa -, pero ambos términos están, sin embargo, estrechamente vinculados y son absolutamente indisociables.

El sujeto se identifica con el padre en la medida en que lo ama, y encuentra la solución terminal del Edipo en un compromiso entre la represión amnésica y la adquisición de aquel término ideal gracias al cual se convierte en el padre.

La castración es un acto simbólico cuyo agente es alguien real, el padre o la madre que le dice – te lo vamos a cortar, y cuyo objeto es un objeto imaginario – si el niño se siente cortado, es que se lo imagina.

¿Qué es el padre? Toda la cuestión es saber lo que es en el complejo de Edipo. Pues bien, ahí el padre no es un objeto real. No es tampoco únicamente un objeto ideal.

El padre es el padre simbólico. Es esto – una metáfora.

Una metáfora es un significante que viene en lugar de otro significante. Digo que esto es el padre en el complejo de Edipo.

Aquí está el mecanismo, el mecanismo esencial, el único mecanismo de la intervención del padre en el complejo de Edipo. Y si no es en este nivel donde buscan ustedes las carencias paternas, no las encontraran en ninguna otra parte.

La función del padre en el complejo de Edipo es la de ser un significante que sustituye al primer significante introducido en la simbolización, el significante materno.

Es la madre la que va y viene. Si puede decirse que va y que viene, es porque yo soy un pequeño ser ya capturado en lo simbólico y he aprendido a simbolizar.

La cuestión es – ¿Cuál es el significado? ¿Qué es lo que quiere, ésa? Me encantaría ser yo lo que quiere, pero está claro que no solo me quiere a mí. Le da vueltas a alguna otra cosa. A lo que le da vueltas es a la x, el significado. Y el significado de las ideas y venidas de la madre es el falo.

El niño, con más o menos astucia o suerte, puede llegar a entrever muy pronto lo que es la x imaginaria, y, una vez lo ha comprendido, hacerse falo. Pero la vía imaginaria no es la vía normal. Por esta razón, por otra parte, supone lo que se llaman fijaciones.

Perversiones y versiones del Padre

X

Los tres tiempos del Edipo

1

¿De qué se trata en la metáfora paterna? Propiamente, es en lo que se ha constituido de una simbolización primordial entre el niño y la madre, poner al padre, en cuanto símbolo o significante, en lugar de la madre. Veremos que quiere decir este en lugar de que constituye el punto central, el nervio motor, lo esencial del progreso constituido por el complejo de Edipo.

El padre, para nosotros, es, es real. Pero no olvidemos que solo es real para nosotros en tanto que las instituciones le confieren, yo no diría siquiera su papel y su función de padre – no es una cuestión sociológica -, sino su nombre de padre.

Lo importante, en efecto, no es que la gente acepte perfectamente que una mujer no puede dar a luz salvo cuando ha realizado un coito, es que sancione en un significante que aquel con quien ha practicado el coito es el padre.

La posición del Nombre del Padre, la calificación del padre como procreador, es un asunto que se sitúa en el nivel simbólico. Puede realizarse de acuerdo con las diversas formas culturales, pero en si no depende de la forma cultural, es una necesidad de la cadena significante.

El niño depende del deseo de la madre, de la primera simbolización de la madre, y de ninguna otra cosa. Mediante esta simbolización, el niño desprende su dependencia efectiva respecto del deseo de la madre de la pura y simple vivencia de dicha dependencia, y se instituye algo que se subjetiva en un nivel primordial o primitivo. Esta subjetivación consiste simplemente en establecer a la madre como aquel ser primordial que puede estar o no estar. En el deseo del niño, el de él, este ser es esencial. ¿Qué desea el sujeto? No se trata simplemente de la apetición de los cuidados, del contacto, ni siquiera de la presencia de la madre, sino de la apetición de su deseo.

Desde esta primera simbolización en la que el deseo del niño se afirma, se esbozan todas las complicaciones ulteriores de la simbolización, pues su deseo es deseo del deseo de la madre.

La relación del niño con el falo se establece porque el falo es el objeto del deseo de la madre.

Está muy claro que el padre no puede castrar a la madre de algo que ella no tiene. Para que se establezca que no lo tiene, eso ya ha de estar proyectado en el plano simbólico como símbolo. Pero es, de todas formas, una privación, porque toda privación real requiere la simbolización. Es, pues, en el plano de la privación de la madre donde en un momento dado de la evolución del Edipo se plantea para el sujeto la cuestión de aceptar, de registrar, de simbolizar él mismo, de convertir en significante, esa privación de la que la madre es objeto, como se comprueba. Esta privación, el sujeto infantil la asume o no la asume, la acepta o la rechaza. Este punto es esencial. Se encontraran con esto en todas las encrucijadas, cada vez que su experiencia los lleve hasta un punto determinado que ahora trataremos de definir como nodal en el Edipo.

Llamémoslo el punto nodal, ya que se me acaba de ocurrir. No me importa como algo esencial, quiero decir que no coincide, ni mucho menos, con aquel momento cuya clave buscamos, el declive del Edipo, su resultado, su fruto en el sujeto, a saber, la identificación del niño con el padre. Pero hay un momento anterior, cuando el padre entra en función como privador de la madre, es decir, que se perfila detrás de la relación de la madre con el objeto de su deseo como el que castra, pero aquí solo lo pongo entre comillas, porque lo que es castrado, en este caso, no es el sujeto, es la madre.

Si el niño no franquea ese punto nodal, es decir, no acepta la privación del falo en la madre operada por el padre, mantiene por regla general una determinada forma de identificación con el objeto de la madre.

En este nivel, la cuestión que se plantea es – ser o no ser el falo. En el plano imaginario, para el sujeto se trata de ser o de no ser el falo. La fase que se ha de atravesar pone al sujeto en la posición de elegir.

Ustedes perciben perfectamente que se ha de franquear un paso considerable para comprender la diferencia entre esta alternativa y la que está en juego en otro momento y que también hemos de esperar encontrar, la de tener o no tener, por basarnos en otra cita literaria. Dicho de otra manera, tener o no tener el pene, no es lo mismo. En medio está, no lo olvidemos, el complejo de castración. De que se trata en el complejo de castración, es algo que nunca se articula y resulta casi completamente misterioso. Sabemos, sin embargo, que de él dependen estos dos hechos – por una parte, que el niño se convierta en un hombre, por otra parte, que la niña se convierta en una mujer. En ambos casos, la cuestión de tener o no tener se soluciona por medio del complejo de castración. Lo cual supone que, para tenerlo, ha de haber habido un momento en que no lo tenía. Para tenerlo, primero se ha de haber establecido que no se puede tener, y en consecuencia la posibilidad de estar castrado es esencial en la asunción del hecho de tener el falo.

Este es un paso que se ha de franquear y en el que ha de intervenir en algún momento, eficazmente, realmente, efectivamente, el padre.

2

Hasta ahora, como lo indicaba el propio hilo de mi discurso, he podido hablarles sólo a partir del sujeto, diciéndoles – acepta o no acepta, y en la medida en que no acepta, eso lo lleva, hombre o mujer, a ser el falo. Pero ahora, para el siguiente paso, es esencial hacer intervenir efectivamente al padre.

No digo que no interviniera ya efectivamente antes, pero mi discurso ha podido dejarlo, hasta ahora, en segundo plano, incluso prescindir de él. A partir de ahora, cuando se trata de tenerlo o no tenerlo, nos vemos obligados a tenerlo en cuenta. En primer lugar es preciso, insisto en ello, que esté, fuera del sujeto, constituido como símbolo. Pues si no lo está, nadie podrá intervenir realmente en cuanto revestido de ese símbolo. Como intervendrá ahora efectivamente en la etapa siguiente es en cuanto personaje real revestido de ese símbolo.

Hace obstáculo entre el niño y la madre, es el portador de la ley, pero de derecho, mientras que de hecho interviene de otra forma.

Les recuerdo algo a lo que hay que volver una y otra vez – sólo después de haber atravesado el orden, ya constituido, de lo simbólico, la intención del sujeto, quiero decir su deseo que ha pasado al estado de demanda, encuentra aquello a lo que se dirige, su objeto, su objeto primordial, en particular la madre. El deseo es algo que se articula. El mundo donde entra y progresa, este mundo de aquí, este mundo terrenal, es un mundo donde reina la palabra, que somete el deseo de cada cual a la ley del deseo del Otro.

La ley de la madre es, por supuesto, el hecho de que la madre es un ser hablante, con eso basta para legitimar que diga la ley de la madre. Sin embargo, este ley es, por así decirlo, una ley incontrolada. Reside simplemente, al menos para el sujeto, en el hecho de que algo de su deseo es completamente dependiente de otra cosa que, sin duda, se articula ya en cuanto tal, que pertenece ciertamente al orden de la ley, pero esta ley esta toda entera en el sujeto que la soporta, a saber, en el buen o el mal querer de la madre, la buena o la mala madre.

Pues bien, yo digo que el niño empieza como súbdito. Es un súbdito porque se experimenta y se siente de entrada profundamente sometido al capricho de aquello de lo que depende, aunque este capricho sea un capricho articulado.

Lo que cuenta es la función en la que intervienen, en primer lugar el Nombre del Padre, único significante del padre, en segundo lugar la palabra articulada del padre, en tercer lugar la ley en tanto que el padre está en una relación más o menos intima con ella. Lo esencial es que la madre fundamenta al padre como mediador de lo que está más allá de su ley, la de ella, y de su capricho, a saber, pura y simplemente, la ley propiamente dicha. Se trata, pues, del padre en cuanto Nombre del Padre, estrechamente vinculado con la enunciación de la ley, como nos lo anuncia y lo promueve todo el desarrollo de la doctrina freudiana. Es a este respecto como es aceptado o no es aceptado por el niño como aquel que priva o no priva a la madre del objeto de su deseo.

El Estrago Materno

3

Primer tiempo. Lo que el niño busca, en cuanto deseo de deseo, es poder satisfacer el deseo de su madre, es decir, to be or not to be el objeto del deseo de la madre. Así, introduce su demanda.

En el primer tiempo y en la primera etapa, se trata, pues de esto – el sujeto se identifica en espejo con lo que es el objeto del deseo de la madre. Es la etapa fálica primitiva, cuando la metáfora paterna actúa en sí, al estar la primacía del falo ya instaurada en el mundo por la existencia del símbolo del discurso y de la ley. Pero el niño, por su parte, sólo capta el resultado. Para gustarle a la madre, si me permiten ustedes ir deprisa y usar palabras gráficas, basta y es suficiente con ser el falo. En esta etapa, muchas cosas se detienen y se fijan en un sentido determinado.

Segundo tiempo. Les he dicho que, en el plano imaginario, el padre interviene realmente como privador de la madre, y esto significa que la demanda dirigida al Otro, si obtiene el relevo conveniente, es remitida a un tribunal superior, si puedo expresarme así.

En efecto, eso con lo que el sujeto interroga al Otro, al recorrerlo todo entero, encuentra siempre en él, en algún lado, al Otro del Otro, a saber, su propia ley. En este nivel se produce lo que hace que al niño le vuelva, pura y simplemente, la ley del padre concebida imaginariamente por el sujeto como privadora para la madre. Es el estadio, digamos, nodal y negativo, por el cual lo que desprende al sujeto de su identificación lo liga, al mismo tiempo, con la primera aparición de la ley en la forma de este hecho – la madre es dependiente de un objeto que ya no es simplemente el objeto de su deseo, sino un objeto que el Otro tiene o no tiene.

El estrecho vinculo de esta remisión de la madre a una ley que no es la suya sino la de Otro, junto con el hecho de que el objeto de su deseo es soberanamente poseído en la realidad por aquel mismo Otro a cuya ley ella remite, da la clave de la relación del Edipo. Aquello que constituye su carácter decisivo se ha de aislar como relación no con el padre, sino con la palabra del padre.

La tercera etapa es tan importante como la segunda, pues de ella depende la salida del complejo de Edipo. El falo, el padre ha demostrado que lo daba sólo en la medida en que es portador de la ley. De él depende la posesión o no por parte del sujeto materno de dicho falo. Si la etapa del segundo tiempo ha sido atravesada, ahora es preciso, en el tercer tiempo, que lo que el padre ha prometido lo mantenga. Puede dar o negar, porque lo tiene, pero del hecho que él lo tiene, el falo, ha de dar alguna prueba. Interviene en el tercer tiempo como el que tiene el falo y no como el que lo es, y por eso puede producirse el giro que reinstaura la instancia del falo como objeto deseado por la madre, y no ya solamente como objeto del que el padre puede privar.

El padre todopoderoso es el que priva. Este es el segundo tiempo. En este estadio se detenían los análisis del complejo de Edipo cuando se pensaba que todos los estragos del complejo dependían de la omnipotencia del padre. Sólo se pensaba en este segundo tiempo, pero no se destacaba que la castración ejercida era la privación de la madre y no del niño.

El tercer tiempo es esto – el padre puede darle a la madre lo que ella desea, y puede dárselo porque lo tiene. Aquí interviene, por lo tanto, el hecho de la potencia en el sentido genital de la palabra – digamos que el padre es un padre potente. Por eso la relación de la madre con el padre vuelve al plano real.

Así, la identificación que puede producirse con la instancia paterna se ha realizado en estos tres tiempos.

En primer lugar, la instancia paterna se introduce bajo una forma velada, o todavía no se ha manifestado. Ello no impide que el padre exista en la materialidad mundana, quiero decir en el mundo, debido a que en éste reina la ley del símbolo. Por eso la cuestión del falo ya está planteada en algún lugar en la madre, donde el niño ha de encontrarla.

En segundo lugar, el padre se afirma en su presencia privadora, en tanto que es quien soporta la ley, y esto ya no se produce de una forma velada sino de una forma mediada por la madre, que es quien lo establece como quien le dicta la ley.

En tercer lugar, el padre se revela en tanto que él tiene. Es la salida del complejo de Edipo. Dicha salida es favorable si la identificación con el padre se produce en este tercer tiempo, en el que interviene como quien lo tiene. Esta identificación se llama ideal del yo.

En el tercer tiempo, pues, el padre interviene como real y potente. Este tiempo viene tras la privación, o la castración, que afecta a la madre, a la madre imaginada, por el sujeto, en su posición imaginaria, la de ella, de dependencia. Si el padre es interiorizado en el sujeto como Ideal del yo y, entonces, no lo olvidemos, el complejo de Edipo declina, es en la medida en que el padre interviene como quien, él sí, lo tiene.

El papel que desempeña aquí la metáfora paterna es ciertamente el que podíamos esperar de una metáfora – conduce a la institución de algo perteneciente a la categoría del significante, está ahí en reserva y su significación se desarrollará mas tarde. El niño tiene todos los títulos para ser un hombre.

Esto significa, ténganlo en cuenta, que, en cuanto viril, un hombre es siempre más o menos su propia metáfora.

El padre está en una posición metafórica si y sólo si la madre lo convierte en aquel que con su presencia sanciona la existencia del lugar de la ley. Queda, pues, un inmenso margen para las formas y los medios con los que esto se puede realizar, porque es compatible con diversas configuraciones concretas.

Así es como puede ser franqueado el tercer tiempo del complejo de Edipo, o sea, la etapa de la identificación en la que se trata para el niño de identificarse con el padre como poseedor del pene, y para la niña de reconocer al hombre como quien lo posee.

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6 Comentarios

  • Mucho rollo… falta aterrizar loc conceptos como las ideas… confuso… muy redundante… :/ no me agradó del todo… falta de explicidad…

    • anda a contarselo a judith miller que son los apuntes de su cuaderno jilun!

      • En primer lugar, correspondería que se aclara de entrada quien es el autor de la nota por una simple cuestión formal, en segundo: que sea de la hija de Lacán no supone ningún principio de autoridad sobre la materia. Para el caso, es como querer entender a Sigmund Freud a partir de las explicaciones de la Señorita Anna Freud, lejos de entender algo iremos a parar a otro lado. No por nada Lacan ha promovido su retorno a Freud, justamente por quienes realizaron producciones teóricas como la hija de Segismundo. Por ultimo, digamos que el primer comentarista tiene todo el derecho a expresar su opinión y no por eso recibir una respuesta descalificante y degradante. Que pasa, se te rompió el espejito? te apareció todo la agresividad y rivalidad con el semejante?. Pd: En una parte de la nota habla Del Otro del Otro. Si es que salio de Judith, avísenle que siguiendo las enseñanzas de su padre, NO existe el Otro del Otro. Saludos Cordiales.

        • En la primera parte de la enseñanza de Lacan si existe el Otro del Otro,el padre en tanto que introduce la falta en el universo simbólico presentado por la madre para el niño es quien está en posición de ser Otro del Otro puesto que garantiza la falta.Tiene que ver con la intersubjetividad que declinará en el seminario 8 de la transferencia.Pero luego si dirá que uno de los secretos del Psicoanálisis no existe Otro del Otro sobre todo cuando habla del Sinthome ya que el sujeto no necesita del padre para garantizar la falta sino que todo sujeto en tanto hablante posee una falta por el hecho mismo de hablar,constituyéndose en hablante ser(parletre).

  • que buen dialogo…tiene razon el colega. que sea la hija de lacan quiere decir nada. justamente !! saludos menos phi

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    Mónica Torres: “Capitulo III de Mas allá del principio del placer. Compulsión a la repetición. Recuerdo, repetición y reelaboración” en Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Mas allá del principio de placer. Compiladores: J.C. Cosentino y D.S. Rabinovich. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1992.     Resumen: Freud comienza tomando, en este capítulo III, el concepto de transferencia y refiriéndose a su propio articulo “Recuerdo, repetición y reelaboración” que él había escrito en 1914. En este trabajo –nos recuerda Freud- el … [SEGUIR LEYENDO]

  • Psicoanálisis Un recorrido por la Obra de Freud, Winnicott y Lacan

    Un recorrido por la Obra de Freud, Winnicott y Lacan

    Fiorini, Héctor: “Introducción”, en El campo teórico y clínico de las Psicoterapias Psicoanalíticas, Buenos Aires, Editorial Tekné, 1987. Introducción: Una definición en sentido amplio de “Psicoterapia” es propuesta en el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis, que abarca todo método de tratamiento de desórdenes psíquicos que utiliza medios psicológicos para su actividad, incluyendo así también al psicoanálisis, como una forma de psicoterapia. Freud: La obra de Freud va a recorrer varias etapas en la creación de una teoría sobre … [SEGUIR LEYENDO]

  • Psicoanálisis Lecciones de introduccion al psicoanalisis: VII parte

    Lecciones de introduccion al psicoanalisis: VII parte

    Masotta, O.: “Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan” 1ª ed. 7ª reimp. –Buenos Aires: Paidos, 2010. El significante: El significante es la palabra, en tanto la palabra es capaz de remitir a más de un significado. Un ejemplo. El chiste. Para que haya chiste tiene que haber un fenómeno de palabra. Además, el chiste necesita ser contado. Con el chiste nos encontramos siempre ante lo mismo, es decir, una palabra que remite a más de un significado. Esa capacidad que tiene … [SEGUIR LEYENDO]

  • PsicoanálisisPsyko PatologiasToxicomaníaTrastornos Narcisistas No Psicoticos Narcisismo y Deficit

    Narcisismo y Deficit

    Fenichel dijo que el origen y naturaleza de la adicción no reside en el efecto químico de la droga sino en la estructura psicológica del paciente que busca en el consumo los efectos de satisfacer el arcaico anhelo oral que es al mismo tiempo sexual, una necesidad de seguridad y de conservación de la autoestima (se percibe la droga como protección narcisista)…. [SEGUIR LEYENDO]

  • Anorexia-BulimiaDSM-IVPsiquiatríaPsyko PatologiasTrastornos de la Conducta Alimentaria Anorexia Nerviosa (I parte)

    Anorexia Nerviosa (I parte)

    Kaplan, H.; Sadock, B. “Sinopsis de psiquiatría.  Ciencias de la conducta. Psiquiatría clínica”” Cáp. 23. Editorial Panamericana.   Trastornos de la conducta alimentaria: Anorexia Nerviosa: Según el DSM-IV la anorexia nerviosa se caracteriza por ser un trastorno en el que la persona se niega a mantener un peso mínimo dentro de la normalidad, tiene miedo intenso a ganar peso, y una significativa malinterpretación de su cuerpo y su forma. El DSM-IV resalta también que el termino anorexia (pérdida de apetito) … [SEGUIR LEYENDO]

  • MasoquismoPerversiónPsicoanálisisPsyko PatologiasSadismo El Psicópata y El Perverso

    El Psicópata y El Perverso

    La canallada y los canallas de nuestro tiempo Juan Pablo Mollo El texto comienza con una referencia de Lacan sobre la canallada: “proponerse como Otro del Otro para manipular el deseo de los demás”, para ubicar, seguidamente, su forma contemporánea: el sistema evaluativo. Posteriormente, se establece una correlación entre la posición canalla con la noción de psicopatía y su distinción con la posición perversa. Finalmente, se proponen algunas figuraciones contemporáneas posibles de pequeños y grandes canallas: dirigentes, predicadores, el político … [SEGUIR LEYENDO]