SyP Jueves, 24 de Abril
29 septiembre, 2011 10:19 Imprimir

Ensayo breve sobre La Perversión

Aunque el efecto sea de rechazo, de displacer, el perverso sabe que el verdadero deseo y el goce están más allá del principio del placer. El perverso apunta al deseo y al goce del Otro aun contra el placer y el goce del otro. No se dirige a la conciencia del sujeto, a su yo, apunta más allá.

 

La Mascarita del Coito (de un amante del sexo con animales)

Diferencia entre neurosis y perversión en relación con el deseo

Hallamos, en primera instancia, la represión, donde todo contenido del deseo pasa por un visado del ideal del yo, por una aduana que identifica los deseos que atentan contra el súper-yo, edificado por un padre y una madre imaginarios y rematado por un ideal social: por ejemplo, si una persona tiene una fantasía de matar y descuartizar cuerpos, pero su identificación a los ideales sociales se lo impide, entonces reprime el deseo o tiene la opción de sublimarlo mediante significantes desplazados o superpuestos como el arte, los sueños, los chistes, etc. A pesar de esto, puede tener una sensación molesta debido a esa fantasía constante que le asedia a su conciencia, pues atenta contra la normalidad, y un neurótico siente culpa. El pecado debe ser confesado. De cualquier otra forma, el neurótico no descansa, pues tener ese deseo, que en ningún momento debe ser satisfecho, lo hace portador de una carga de la que se deshace sólo a través del lenguaje, en el diván o en la capilla. En el caso del perverso, la ecuación se invierte y el lenguaje, que al neurótico le permite sublimar, es una herramienta más en la consecución de la meta en la que puede convertirse la satisfacción del deseo: La seducción.

La relación con el otro tiene, tanto en el neurótico como en el perverso, diferencias significativas en cuanto a la satisfacción del deseo. Por un lado, el neurótico se reconoce en el otro como su semejante, lo cual lo constriñe a actuar de acuerdo con el orden de la sociedad. Para el perverso, por su parte, el otro puede servir de instrumento, incluso como cómplice, de cualquier forma, le interesa el goce.

Hecho con huesos reales de Víctimas

Sentimiento de angustia

La angustia parecía ser exclusiva de la neurosis, pero de acuerdo con Berenguer, “hay síntomas y síntomas, y la angustia tampoco es siempre la misma”. Lo propone en el siguiente ejemplo: “un asesino serial, netamente perverso, sufría de ataques de angustia en lugares públicos cada vez que se sentía el posible destinatario de una mirada inquisitiva. Él tenía completamente asumida desde hace años su condición de Serial Killer, que incluso reivindicaba sin renunciar a algunos signos externos claros aunque no llamativos, y en consecuencia no podía poner por excusa de sus síntomas una explicación que en otro tiempo hubiera acariciado – la vergüenza, el temor al rechazo -”1. Entonces, ¿por qué el sentimiento de angustia? Berenguer usa el término estragos para explicar las razones de tal síntoma. “Está uno tentado de usar el término de estragos (aunque en un sentido específico) para ciertos efectos acumulados de la efectuación del fantasma, que toman la consistencia de síntoma por poco que de ellos pueda extraerse la marca de la repetición y una zona de opacidad allí donde el sujeto intentaba sostener la ilusión de una certeza sin sombras y un dominio sin límites”.

Perversión creativa

En literatura podemos encontrar casos excepcionales de creatividad, en los que diferentes autores han plasmado su situación clínica en obras maestras que los identifica como genios. Solo por mencionar algunos, me refiero al inmortal Marqués De Sade, quien fue acusado de herejía y mantenido confinado entre los muros de una abadía, aun así su obra persiste hasta nuestros días como la mayor muestra de lo que la literatura de su época pudo producir y más en su género; de igual manera menciono a tres de los poetas malditos: Baudelaire, Rimbaud y Verlaine. El primero, manifiesto admirador de Edgar Allan Poe, descontento con una época hipócrita y represiva. Rimbaud y Verlaine, homosexuales y amantes. Los tres marcaron las generaciones siguientes con su estilo y su honestidad. Expresaron el deseo de una época que reprimía y callaba. La perversión fue su arma y la escritura su herramienta para hacer de su vida una estética: Estética de la ironía y el sarcasmo hacia una sociedad que lucía perfecta, pero que hedía corrupción.

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