SyP Sabado, 1 de Noviembre
4 agosto, 2011 20:29 Imprimir

Terapia Sistémica Individual (II parte)

Boscolo L, Bertando P.: “Terapia sistémica individual”. Capítulo 3 de la primera parte “El proceso terapéutico”. Amorrortu editores. 2000.

El Primer Homenaje a la Figura del Canibal

Preguntas circulares

El concepto de “preguntas circulares” se ha confundido a menudo con el concepto de circularidad antes expuesto. Las preguntas circulares fueron inicialmente definidas de este modo porque, en el contexto de la terapia familiar, el terapeuta hacia preguntas por turno a los diferentes miembros de la familia sobre las conductas de dos o más de los otros miembros. De esta manera, el terapeuta trataba de construir un mapa de la familia como red de relaciones interconectadas (tanto entre las ideas y las emociones como entre los comportamientos), y el modo más eficaz de crear un mapa semejante parecía ser el de formular preguntas que pudieran mostrar diferencias. Estas preguntas se crearon para obtener informaciones más que datos: efectivamente, Bateson sostenía que una información es “una diferencia que hace una diferencia”, es decir, una relación, y en eso se distingue de un dato.

Para profundizar más en el proceso, podemos decir que la información obtenida con las preguntas circulares es recursiva: tanto los clientes como el terapeuta –a traves de las preguntas- cambian constantemente su comprensión sobre la base de la información ofrecida por los otros. Las preguntas circulares informan respecto de las diferencias, las nuevas conexiones entre las ideas, significados y comportamientos. Estas nuevas correlaciones pueden contribuir a cambiar la epistemología, o bien las premisas personales, las tesis inconscientes de los diferentes miembros de la familia. Las preguntas circulares se convierten así en una intervención, quizá la más importante para el terapeuta sistémico.

También algunos tipos de preguntas particularmente útiles para detectar diferencias en el curso de la sesión terapéutica son las preguntas tríadicas, en las que se pedía a una persona que comentara la relación entre otros dos miembros de la familia; las preguntas sobre las diferencias en el comportamiento de dos o más personas, más que sobre la calidad intrínseca de esas personas; las preguntas sobre cambios en el comportamiento antes o después de un acontecimiento especifico; las preguntas sobre circunstancias hipotéticas; finalmente, opiniones de los miembros de la familia respecto de un comportamiento o interaccion particular.

Las preguntas circulares son un instrumento eficaz para introducir diferencias y crear conexiones en la mente de los clientes.

Sheila McNamee (1992) considera que las preguntas circulares son el prototipo de la técnica terapéutica construccionista, por cuanto contribuyen a favorecer (a crear) una multiplicidad de puntos de vista.

Karl Tomm, uno de los primeros y más importantes estudiosos de las preguntas circulares, las ha agrupado en varias categorías según sus objetivos y sus características. Tomando en consideración la intencionalidad del terapeuta al plantear la pregunta, las ha dividido en preguntas circulares informativas y preguntas circulares reflexivas. Las primeras tienen sobre todo el objetivo de recoger informaciones; las segundas, el de suscitar cambios (estos objetivos no son mutuamente excluyentes, y las preguntas a menudo tienen un carácter mixto). La distinción entre preguntas informativas y reflexivas se basa no tanto en la formulación como en el momento en que se plantean en el timing del dialogo: una misma pregunta, de acuerdo con el momento en que se formula, puede asumir un carácter informativo o reflexivo.

Todos los autores citados hasta ahora (incluido nosotros) consideran a las preguntas circulares, y a los otros elementos del dialogo, desde el punto de vista del terapeuta, dando por lo tanto una descripción que pone en primer plano sus intenciones (esto es particularmente evidente en Karl Tomm). En cambio, Viaro y Leonardi ofrecen una lectura textual de la interaccion lingüística. Ellos hacen la lectura “desde el exterior”, lo cual permite ver los efectos de los actos lingüísticos del terapeuta y el cliente de un modo no influido por las intenciones (y prejuicios) del terapeuta.

En este sentido, una primera distinción de las preguntas de la entrevista circular es entre preguntas de alternativas finitas, preguntas de alternativas infinitas y preguntas si/no, que admiten una simple respuesta afirmativa o negativa.

Algunas preguntas circulares requieren del interlocutor declaraciones, o sea, dar referencias sobre hechos concretos; otras requieren atribuciones, es decir, atribuir actitudes o estados de ánimo a un tercero. Mientras que las preguntas del primer tipo se ocupan de comportamientos, las del segundo tipo entran decididamente en el juego de los significados.

Estas distinciones son en cierto sentido similares a las que hacia el primer autor ya a fines de la década de 1970, después de haber abandonado la teoría de la caja negra. A las preguntas que solían formularse, basadas en la descripción de comportamientos, se agregaron otros dos tipos: “¿Qué experimenta su marido cuando su hija se niega a comer?”, y “¿Qué explicación da su marido del hecho de que su hija se niegue a comer?”. En estos tres tipos de preguntas se pueden advertir los tres niveles de la comunicación humana: descripción, experiencia, explicación.

De cualquier modo, sea que se refieran a hechos o a vivencias, las preguntas de la entrevista circular en general apuntan a obtener detalles precisos, sin contentarse con las informaciones genéricas.

A las preguntas/tema les siguen otras que tienden a obtener mayor precisión y permiten al terapeuta definir cada vez más el tema e insertarlo en el juego de las relaciones.

Otro tipo de preguntas, a las cuales recurrimos con frecuencia por la eficacia con que actúan sobre los vínculos deterministas de las historias que los clientes aportan, son las preguntas hipotéticas sobre el pasado, el presente y el futuro. El cliente que busca nuestra ayuda tiene a menudo una visión lineal-causal, es decir, determinista, del tiempo y de su propia historia. Los hechos o relaciones negativos traumáticos de su pasado se consideran la causa del presente precario y problemático, y la expectativa es que también influirán de manera negativa en el futuro. Nosotros creemos que el pasado, el presente y el futuro están conectados recursivamente y que por lo tanto, ampliando el contexto de las historias del pasado, de la “realidad” presente y de las expectativas respecto del futuro -y especialmente utilizando las preguntas hipotéticas- es posible poner en crisis los vínculos deterministas que tornan rígida la historia del cliente, coartan sus pensamientos y emociones, y limitan su libertad.

Paciente Bulimico pierde calcio en los dientes

Las preguntas circulares en la terapia individual: la presentificación del tercero

Obviamente, el terapeuta no utiliza sólo preguntas circulares; también se vale de silencios, sonidos o palabras que expresan duda o asentimiento, afirmaciones, metáforas, anécdotas, preguntas simples y preguntas diádicas.

Aun en una relación diádica, como lo es la de la terapia individual, se pueden usar con provecho las preguntas circulares, sobre todo recurriendo a la técnica de la “presentificación del tercero”. En la terapia de la familia las preguntas circulares, especialmente las tríadicas, tienen entre otros efectos el de poner a cada familiar en la situación de observador de los pensamientos, emociones y comportamientos de los otros, creando así una comunidad de observadores. Esto se puede reproducir en la terapia individual, al “presentificar” en la sesión a terceras personas significativas, pertenecientes al mundo externo y al interno (“voces”), creando una “comunidad” que participa en el desarrollo de diversos puntos de vista.

Se vale del uso de una importante función de las preguntas circulares en la terapia individual, que es la de evocar, para el cliente, a las personas significativas de su vida de relación, a fin de ampliar el horizonte espacial, temporal y relacional del diálogo. Esto puede ocurrir de diversos modos:

- A través de preguntas circulares que introducen en el diálogo a personas significativas para el cliente. También pueden incluir “voces internas”. Esta técnica que usamos se basa en la creación de un sistema relacional de tres elementos: terapeuta, cliente y “voz” o “fuerza” interna. El terapeuta trata de establecer una alianza terapéutica con el cliente, contra las eventuales “voces”, “fuerzas” o “ideas” responsables de sus síntomas y sufrimientos; esto contribuye a la separación entre la persona y la “enfermedad”, favoreciendo el proceso de despatologización. Michael White usa el mismo principio llamándolo “externalización del problema”.

- A veces se pide al cliente que hable directamente con el tercero presentificado, representado por una silla vacía. Al final de esta representación de roles, que por lo común tiene una duración limitada, el terapeuta y el cliente expresan sus vivencias y las ideas que les ha inspirado. Se trata de un procedimiento que permite al cliente experimentar y tener una visión de un hecho o de una relación significativa desde un ángulo diferente.

- Cuando trabajamos con el equipo que observa detrás del espejo, el tercero puede ser representando por uno (o más) de los miembros del equipo, que generalmente al concluir la sesión y en presencia del terapeuta comunica uno o más puntos de vista, a veces diferentes a los del terapeuta.

Cualquiera que sea la modalidad escogida por el terapeuta para presentificar al tercero, en ella tienen importancia las preguntas circulares, que mantienen su propia función fundamental, la de crear conexiones, aun cuando estas conexiones forzosamente deban ser construidas por el terapeuta y el cliente in absentia, en lugar de in praesentia, de los otros componentes: los sistemas significativos con los que el cliente está en contacto.

En este sentido, las preguntas circulares son para el terapeuta un modo de entrar en el diálogo del cliente con las otras personas significativas, sin introducir sus propias ideas de manera directa. Estas se introducen indirectamente bajo la forma de preguntas, en las cuales el signo de interrogación deja al cliente la responsabilidad de atribuir significados, mientras que la ausencia del signo introduciría una dimensión interpretativa y prescriptiva. Y, con las sucesivas preguntas circulares sobre estas voces múltiples, se crea un proceso reflexivo (que otros producen en la actualidad a través del reflecting team), el cual conduce a las ulteriores diferencias que hacen la diferencia.

Creemos que para el terapeuta es mejor ser cerrado y reticente: su apertura debe existir en el nivel de la empatía, de la participación, de la atención, pero no en el de la revelación de sus ideas. De este modo es posible crear para el cliente un contexto de deutero-aprendizaje: el cliente puede aprender de las respuestas que él mismo da. Y las respuestas que da le permiten hacerse nuevas preguntas, mientras que es fácil que al principio tuviera sólo respuestas.

A través de una serie de preguntas circulares podemos hacer que un individuo diga (y por consiguiente que explore, que vea) que puede pensar otro de él, después de un tercero, después que pueden pensar ambos de él, después que puede pensar el de los otros dos, y así sucesivamente. De este modo se exploran los circuitos relacionales con los que el individuo está conectado. Después, estos circuitos pueden ser autorreflexivos (el dialogo interno), o bien heterorreflexivos, las relaciones, reales y virtuales, entre la persona y su contexto. Con las preguntas circulares y con las hipótesis emergentes en el curso del dialogo, se pone al cliente en condiciones de entrar en un circulo hermenéutico, en el cual correlaciona sus acciones, emociones y significados con los del terapeuta. Esta dinámica crea la situación de deutero-aprendizaje (aprender a aprender) que conduce al cliente a nuevas opciones y soluciones.

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