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18 marzo, 2011 21:35 Imprimir

Empatía y Resonancia Empática

Menéndez, Pedro: “Empatía”. Trabajo presentado ante la cátedra de Clínica Psicológica, Psicoterapias, Emergencias e Interconsulta. Facultad de Psicología de la U.N.B.A, 1998.

Hasta que la muerte nos separe

Tanto para Freud como para Ferenczi la empatía es un procedimiento intelectual, no afectivo. Es una participación intelectiva, “es una habilidad para imaginarse uno mismo en el lugar del otro y, mediante este proceder, entender sus ideas, sus acciones, sus deseos, sus sentimientos”.

La empatía, como la transferencia, es una experiencia universal. En sentido restringido es un aspecto del vínculo terapéutico, es la operación exclusiva de la psique del terapeuta. Pero también es un procedimiento de conocimiento, es un método de observación que distingue claramente al psicoanalista del médico, del psiquiatra y de la psicología experimental. Es condición de posibilidad psicoterapéutica. Es, entonces, una operación en la mente del analista que consiste en “ver con”, en “sentir con”, en “ponerse en el lugar de”, en, según Kohut, una “introspección vicariante”. Sentimos “con”, pero no actuamos “por”. Empatía no es simpatía, ni intuición, ni imitación. Es una suerte de entonamiento, de corrección ocular con la óptica del paciente.

Hay que aclarar que no es ni contraidentificación (Klein), ni respuesta a las demandas del paciente (Lacan). Tampoco es un fantaseo sobre lo que dicen los pacientes. No es lo mismo que capacidad de rëverie (Bion). Se considera fidedigna la cosmovisión del paciente, pero no quiere decir que uno se deje llevar por esta presunción. Si bien no es neutralidad, implica discriminación en la mente del analista.

Es un concepto enmarcado en una perspectiva epistemológica ambientalista y ecológica. Teóricamente, su posibilidad supone un psiquismo abierto, una relación primaria con un objeto bueno y la consideración de la transferencia como búsqueda y oportunidad. Técnicamente, no hay recetas para profesionalizarla; se puede no arruinarla, es decir: estar atento a las propias defensas y limitaciones. Requiere del terapeuta una disposición hospitalaria. Un criterio de la consulta como admisión (aceptación) y servicio.

Freud, en “La iniciación del tratamiento” sostiene que es un prerrequisito para la interpretación, y esta es la única referencia técnica que hay en Freud acerca del concepto de empatía. Freud aclara una y otra vez que es un proceso psíquico localizado en el preconsciente, esto es: accesible en todo momento a la conciencia del analista. Es siempre una actitud voluntaria, dirigida, mental, del analista, de “ponerse con”, de “ponerse en los zapatos de”.

Ferenczi, a partir del estudio de la empatía, plantea que la interpretación es una suerte de continuación del curso asociativo del paciente, que este todavía no percibe. Es decir, que cuando uno interpreta lo que debería estar haciendo es anticipando algo que el paciente ya iba a decir, pero en la línea del paciente.

A partir del trabajo de Glover, “El efecto terapéutico de la interpretación inexacta”, es que Balint se plantea entonces que fue lo eficaz en esa interpretación, si fue inexacta y fue eficaz. Es el problema para el que propone su hipótesis sobre “la falta básica”. Algo proveía el analista y el proceso pudo seguir, y ese algo no fue conocimiento, porque este conocimiento era falso. Esto denotaría un estado transferencial de “falta básica”, de necesidad de suplencia de una figura significativa ante un déficit. Junto con la teoría del apego de Bowlby, la noción de estados transferenciales de “falta básica” constituyen el preludio de lo que en Kohut serán los desarrollos sobre los trastornos del narcisismo.

En “Tótem y Tabú”, Freud dice que la madre se identifica con su hijo para comprenderlo. Y así es como lo considera Winnicott en toda su obra a la empatía = identificación. En ese sentido de identificarse para comprender. Describe el acontecer en la relación de la madre con su bebe, hace extensiva la identificación (empatía) como condición de posibilidad de la regresión en el proceso terapéutico.

Para Kohut la capacidad de provocar empatía es inherente al bebe y esa facultad, según él lo considera, lo torna fuerte y no desamparado. La actitud empática ya es una respuesta del terapeuta a una expectativa del paciente. La exploración de la actitud empática lo lleva a considerarla como proceso de conocimiento y como eje del proceso terapéutico con recursos no interpretativos (desarrollo de las transferencias narcisistas). Pasa de la empatía como procedimiento a la resonancia empática como cualidad madura del self y considera la empatía para consigo mismo. La resonancia empática (en el sí mismo del paciente), experiencia prolongada y sustentadora, es un elemento constitutivo del sentimiento de seguridad, que considera inconsciente.

Para Kohut, hay un margen, no discernible por anticipado, entre el reclamo del paciente como transferencia de objeto si mismo fracasados como tales y las limitaciones empáticas del analista. La amplitud de esa discordancia de la probabilidad del pronóstico del tratamiento.

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