SyP Miercoles, 23 de Julio
2 enero, 2011 15:04 Imprimir

Pulsion y Deseo en la obra de Freud: II parte

PULSIÓN Y DESEO EN LA OBRA DE SIGMUND FREUD

(Conferencia Dictada el 3 de octubre de 2007 por el Lic. Gustavo Kroitor)

Sabiduria Infantil

Les pido que desde hoy lean muchas veces, las página 557 a 559, de  La Interpretación de los Sueños, donde Freud se va a ocupar de explicar que es un deseo inconciente.

Comienza preguntándose por qué el inconciente sólo puede prestar la fuerza necesaria para el cumplimiento de deseo. Por qué sólo puede aportar la fuerza y no puede aportar una idea. Y agrega que la respuesta a esta pregunta está destinada a arrojar luz sobre la naturaleza psíquica del desear.

Es decir que si logramos responder esta pregunta, sabremos que quiere decir “deseo” en psicoanálisis. Dice Freud que la respuesta a esta pregunta debemos hallarla con la ayuda del esquema del aparato psíquico. Dice: “Supuestos que han de fundamentarse de alguna otra manera nos dicen que el aparato obedeció primero al afán de mantenerse en lo posible exento de estímulos, y por eso en su primera construcción adoptó el esquema del aparato reflejo que le permitía descargar enseguida, por vías motrices, una excitación sensible que le llegaba desde fuera.” Entonces, el aparato psíquico adoptó al comienzo el esquema del arco reflejo.

Ante un estímulo en el polo perceptivo, una respuesta en el polo motor. Por ejemplo, si te pincho la mano con un alfiler, vas a retirar la mano. Ese es el esquema del arco reflejo. Podríamos imaginarnos que ese es el aparato psíquico de los animales inferiores.

¿Qué es lo que hizo que este aparato psíquico evolucionara y dejara de ser un arco reflejo?

El apremio de la vida. Dice Freud: “Pero el apremio de la vida perturba esta simple función; a él debe el aparato también el envión para su constitución ulterior”. El apremio de la vida se refiere  entonces a la necesidad, el hambre, la sed, la necesidad sexual, etc. Esas necesidades provienen desde el interior del aparato, no desde afuera. Por lo tanto la huida de la descarga motriz, no es adecuada. Y lo que observamos en el ser humano, es que frente a ese apremio de la vida, la descarga motriz es totalmente inadecuada al fin.

Dice Freud: “El niño hambriento llorará y pataleará inerme”. Lo que hace un niño cuando tiene la necesidad alimentaria, en lugar de buscar el pecho, llora. Puede ser una función indirecta de clamar por la madre, pero en principio eso no calma el hambre.

Seguimos a Freud: “El niño hambriento llorará o pataleará inerme. Pero la situación se mantendrá inmutable, pues la excitación que parte de la necesidad interna no corresponde a una fuerza que golpea de manera momentánea, sino a una que actúa continuadamente. Sólo puede sobrevenir un cambio cuando, por algún camino (en el caso del niño, por el cuidado ajeno), se hace la experiencia de la vivencia de satisfacción que cancela el estímulo interno”.

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Es decir, que Freud evoca aquí, la presencia de ese objeto mítico que tendría todas las propiedades para que el aparato psíquico descargue la excitación a cero. Desde luego, se trata de un mito.

Entonces, tenemos aquí, la vivencia primaria de satisfacción, insisto, mítica. Esta vivencia está asociada a una percepción, la del objeto. Eso ha ocurrido en aquel momento mítico, pero después nunca más encontramos a ese objeto. Por lo tanto lo que nos queda de ese objeto es sólo un recuerdo., las huellas mnémicas.

La necesidad que va en busca de un objeto, pero con lo único que se puede encontrar es con la percepción de un objeto. Podemos tomar a esta vivencia primaria de satisfacción con su contratara, la vivencia de terror, la pérdida del objeto. Es decir que a esa experiencia de completad total, le sigue una experiencia de terror, que responde a que el objeto que calma todas las necesidades ya no está más.

Qué pasa cuando la necesidad sobreviene por segunda vez, cuando el apremio de la vida insiste. La diferencia entre la primera y la segunda vez, es que en la primera no hay datos previos de cómo se satisface la necesidad; mientras que en la segunda hay un aprendizaje previo que es el de la vivencia primaria de satisfacción.

Freud dice, seguimos en la página 557: “La próxima vez que esta última sobrevenga, merced al enlace así establecido se suscitará una moción psíquica que querrá investir de nuevo la imagen mnémicas de aquella percepción y producir otra vez la percepción misma, vale decir, en verdad, restablecer la situación de la satisfacción primera. Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo; la reaparición de la percepción es el cumplimiento de deseo, y el camino más corto para este es el que lleva desde la excitación producida por la necesidad hasta la investidura plena de la percepción.”

Entonces, cuando la necesidad sobrevenga por segunda vez, se suscitará una moción psíquica que querrá reinvertir la percepción del objeto que está enlazado con la satisfacción de la necesidad. Es raro que Freud diga, investir la percepción y no el objeto. Ocurre que al objeto no se lo puede reinvestir porque está perdido. Lo que se puede reinvestir es la  percepción. “Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo”. Allí está la definición de deseo en la obra de Freud. El deseo es una moción psíquica que quiere reinvestir la percepción del objeto enlazado con la satisfacción y la necesidad.

Y agrega (Pág. 558): la reaparición de la percepción es el cumplimiento de deseo. Dice la reaparición de la percepción y no la reaparición del objeto. Fíjense en el cuidado que Freud pone para dejar claro que se pueden alcanzar las sombras, los semblantes, pero no el objeto. Es que el  objeto inherente a la condición de satisfacción de las necesidades  humanas está perdido.

Es decir que si el cumplimiento de deseo es  la reaparición de la percepción y no la del objeto, se traza aquí una diferencia esencial entre la  satisfacción de la necesidad  y cumplimiento de deseo.

Por ejemplo, si me voy a dormir con mucha sed, puede ser que sueñe que bebo agua. Se me cumple el deseo (anhelo) de beber agua, pero no se satisface la necesidad. , igualmente voy a despertar muerto de sed.

El cumplimiento de deseo, no implica para nada la satisfacción de la necesidad.

Les adelanto que la diferencia esencial entre la pulsión y el deseo, es que el deseo no se satisface y la pulsión sí.

El deseo por su naturaleza es un deseo insatisfecho. Si quieren seguir a Lacan, el deseo histérico es insatisfecho, si quieren el deseo humano es histérico. De ahí que sostengamos que todas las neurosis son histéricas. El neurótico obsesivo es solamente un histérico más exacerbado, un histérico más complejo. No deja de ser un histérico y por eso se puede analizar, sino no habría análisis de la neurosis obsesiva. Porque sólo hay análisis del deseo insatisfecho. Es una condición del análisis, poner a trabajar un deseo insatisfecho. Ponerlo a hablar. La regla fundamental no es otra cosa que pedirle al deseo que hable, pero como no hay ningún significante que nombre al deseo, ese deseo nunca termina de decir. Por eso, decía hace un rato que la regla fundamental, es un pedido de lo imposible.

Hay un sueño muy conocido, que fue muy trabajado por Lacan, pero es un sueño de una paciente de Freud, que Lacan llama el sueño de la Bella Carnicera, y que Freud le pone como título, salmón ahumado.

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Se trata de una paciente que desafía a Freud. La paciente increpa a Freud: “usted dice que un sueño es un cumplimiento de deseo. Yo le voy a mostrar un sueño donde no se me cumple ningún deseo. Y le cuenta el siguiente sueño:

Quiero dar una comida, pero no tengo en mi despensa sino un poco de salmón ahumado. Me dispongo a ir de compras, pero recuerdo que es domingo por la tarde, y todos los almacenes están cerrados. Pretendo llamar por teléfono a algunos proveedores, pero el teléfono está descompuesto. Así debo renunciar al deseo de dar una comida”.

Freud le dice que aparentemente tiene razón, pero le pregunta que se le ocurre con este sueño. La paciente le cuenta que en la víspera del sueño, el marido le dijo que estaba gordo y que no puede aceptar más invitaciones a comer. En la víspera también ella le había dicho al marido  “todos los días he tenido el deseo de comer un poco de caviar, pero le dije que no me lo traiga, que no se ponga en gastos”.

El esposo de esta paciente es uno de los comerciantes de carne más importante de Viena, algo así como el Samid vienés.  (Podría comprarle todo el caviar que ella quiera). El marido tal vez, no lo podemos saber, pero si suponer que es un obsesivo, que estaría desesperado por comprarle el caviar.

Pero ella le dice “quiero tener un deseo no se te ocurra satisfacérmelo”. “Quiero caviar, pero no me lo traigas. Quiero caviar, pero deseo otra cosa”. Es decir, que lo que quiere no coincide con lo que desea. Las palabras dicen una cosa, pero el deseo es otra.

Seguramente es muy cotidiano para ustedes[1], que cuando lloran, sus parejas quieren saber que les pasa, y se irritan cuando ustedes no pueden darles una respuesta. (Risas). Pues bien, muchachos, ocurre que no hay respuesta. Ellas les dirán algo, pero se trata de otra cosa. (Risas)

En el sueño, el caviar está sustituido por el salmón ahumado. Podemos preguntarnos qué tienen en común caviar y salmón ahumado. Son pescados, son ricos y son caros. Pero ¿Por qué salmón ahumado y no otro pescado fino y caro? Porque es el plato preferido de su amiga flaca. La paciente tiene una amiga flaca que le dijo en la víspera, “qué bien se come en su casa, cuando vuelve usted a invitarnos”. Esta amiga flaca siempre recibe piropos del marido de la paciente. Pero la paciente le dice a Freud, “doctor, a mí me tiene sin cuidado esto, porque mi amiga es muy flaca y a mi marido le gustan las redondeces”.

Freud le dice: “cualquier día usted va a dar una comida, engordar a su amiga, usted sabe que comiendo se engorda, puesto que su marido le dijo que estaba gordo y que no iba a aceptar invitaciones a comer. Cualquier día usted va a dar una comida  para engordar a su amiga flaca y que le guste más a su marido”.

El deseo que a usted  se le cumple es que a su amiga no se le cumpla el deseo de comer en su casa, engordar y gustarle más a su marido (al marido de la paciente).

Lacan da un paso más con este sueño, y dice que se trata de un deseo de deseo insatisfecho, porque ha dejado a todo el mundo insatisfecho: la paciente no come caviar, la amiga no engorda, y al marido le gusta una con la que no se puede satisfacer, porque es demasiado flaca.

El deseo es siempre deseo de un deseo, y esto ocurre porque el objeto queda perdido.

Para Freud, el cumplimiento de deseo es siempre alucinatorio, porque recuerden que el deseo es una moción psíquica que quiere reinvestir  a la percepción enlazado con el objeto de la satisfacción. El cumplimiento de deseo en el sueño es alucinatorio, puesto que la alucinación es una percepción sin objeto.

Dice Freud, en la página 558: “Nada nos impide suponer un estado primitivo del aparato psíquico en que ese camino se transitaba realmente de esa manera, y por tanto el desear terminaba en un alucinar. Esta primera actividad psíquica apuntaba entonces a una identidad perceptiva o sea, a repetir aquella percepción que está enlazada con la satisfacción de la necesidad.”

El problema es que con la alucinación no se obtiene la satisfacción de la necesidad.

Imaginemos que a lo mejor el niño hambriento, se chupa el dedo y fantasea con el pecho o alucina con el pecho. Se muere de hambre si sigue así. Porque la alucinación no calma la necesidad.

Para que la investidura interior tenga el mismo valor que la exterior, esta debería ser mantenida permanentemente. La única manera de que la investidura exterior se mantenga sería que   el niño tuviera  el pecho atornillado a la boca., así, entonces la necesidad interior y la investidura exterior tendrían el mismo valor y quedarían canceladas.

Pero eso no sucede, siempre queda un resto.

El aparato tendrá que desarrollar un sistema más elaborado para buscar en el mundo exterior el objeto que al menos parcialmente calme la necesidad.

Presten atención al siguiente esquema: Miren en nuestro esquema la flecha negra. Es el apremio de la vida que se dirige al polo perceptivo en busca de una satisfacción que no encontrará. Dice Freud (Seguimos en la página 558) que es necesario detener la regresión[2] completa, de modo que no vaya más allá de la huella mnémica, y pueda encontrar la identidad buscada por obra del mundo exterior.

Al detener la regresión, la fuerza psíquica, es decir, el deseo inconciente, toma el camino progrediente  (flecha azul en el esquema), e inaugura un segundo sistema que tiene a cargo la motilidad. Allí ubicamos al preconciente.  En este lugar del aparato se encuentran los restos diurnos, es decir, el conjunto de impresiones y vivencias que no fueron tramitadas en la vigilia. Allí están los anhelos,  los deseos no cumplidos, pero nombrables. El deseo de Anna Freud de comer dulces, el deseo del hombre sediento que se va a dormir sin haber tomado agua. Están todos allí, en el preconciente.

En cambio, el deseo inconciente no es otra cosa que aquella fuerza que partió del apremio de la vida, no pudo satisfacerse con la percepción, entonces emprende el camino hacia el polo motor y se encuentra con los restos diurnos. El encuentro  de ese deseo inconciente con los restos diurnos da las ideas latentes del sueño. Vale decir da por resultado la asociación del deseo preconciente, el anhelo y esa fuerza que proviene de la pérdida del objeto, esa fuerza que no es ni más ni menos que el deseo.

Aquí se ve claramente como el objeto perdido es la causa del deseo.

Ahora, hay un intento de descarga a través del polo motor, pero durante el dormir el polo motor está cerrado, por eso necesariamente se vuelve a emprender el camino otra vez hacia atrás, el camino regrediente. El camino hacia la percepción. Por eso el sueño se presenta en restos de imagen y sonido, en restos de percepciones. Entra en la región inconciente (flecha roja) y se somete a sus leyes, es decir, condensación y desplazamiento.

De esta etapa de la obra de Freud, les pido que retengan esta idea, que el cumplimiento de deseo es a través de la desfiguración. Cumplir un deseo, es desplazarlo.

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[1] Se refiere a las mujeres del público, que son mayoría

 

[2] Recordar que Freud llama camino progrediente al que se dirige del polo perceptivo al polo motor, y regrediente al camino que va del polo motor al perceptivo.

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