SyP Martes, 22 de Julio
30 diciembre, 2010 21:40 Imprimir

La Angustia en la obra de Freud: VIII parte

LA ANGUSTIA EN LA OBRA DE SIGMUND FREUD

(Conferencia dictada el 7 de Junio de 2007 por el Lic. Gustavo Kroitor)

Falsos Profetas. La entrada de la Apocalipsis

Ahora vamos a ampliar un poco esto, y lo que les voy a decir no es un peligro ante el superyó, sino, lo que dice Freud, ante la pérdida de amor del Superyó. Este tema no lo puedo ampliar ahora, va ser el objeto de la próxima conferencia, el tema del superyo, pero lo que voy a decir por ahora, es que el temor a la perdida de amor en el  superyo, es que el superyo se vuelva obsceno y feroz, y se ponga a exigir la satisfacción de la pulsión. El superyó, se podría decir, está dentro del freezer, cuando por ejemplo, ustedes quieren hacer dieta. El superyó, les habla desde el pote de helado, y les dice ¡comete el kilo entero! Es a eso, a esa exigencia superyoica, a lo que el yo le tiene miedo, y ante lo que reacciona con angustia.

Y dice Freud, que en el caso de la mujer, la angustia de castración no existe, puesto que ella no tiene que tener ninguna angustia de castración, pues no tiene nada que perder, entonces sustituye para la mujer, la angustia de castración, es una angustia frente al peligro de perder el amor de objeto, lo que ella valora como peligro es que no la quieran.

Ahora bien, en la página 135 del texto “inhibición, Síntoma y angustia”, la idea que expresa Freud, es que la histeria esta directamente emparentada con la feminidad y la neurosis objetiva con la masculinidad. Y si bien sabemos que no es así en todos los casos, sabemos por la experiencia clínica, que son raros los casos de histeria masculina y neurosis objetiva femenina.

Entonces tenemos, peligro de la pérdida del pecho, de las heces, del pene, peligro de muerte, la pérdida del amor del superyo y peligro ante la pérdida de amor de objeto.

Entonces dice Freud, pareciera ser que la angustia, no es solamente ante la pérdida del pene, sino, que lo que se toma en cuenta, es casi cualquier pérdida. Parece que esta nueva concepción de la angustia, nos lleva a pensar que la angustia es la reacción frente a una perdida.  Pero pensarlo así, trae aparejada una dificultad, ¿qué diferencia  hay entre la angustia y el duelo?, porque sabemos que el duelo es el afecto que debería aparecer frente a la perdida, y Freud lo deja como una incógnita, no le da solución, hasta muchas páginas después, donde dice en uno de los apéndices al texto, que, lo que se pone en juego, es que, hay que diferenciar la pérdida del objeto, del peligro ante la posibilidad de perder el objeto. La angustia es la reacción frente al peligro de perder, no ante la pérdida consumada.

La pérdida consumada provoca duelo. Cualquier que haya cuidado, por ejemplo, a un ser querido durante una enfermedad mortal, sabe que la angustia aparece como un estado previo a la muerte. Después de la muerte lo que hay es duelo, incluso alivio. Quieren ver un ejemplo más simple, en los pasillos de la facultad, ante un examen notarán que hay angustia, una vez que está el bochazo, lo que hay es resignación, pero no angustia, eso que a veces se escucha, “sea lo que sea pero que pase”, ocurre porque es mejor soportar el duelo que la angustia.

Y dice Freud, que la primera vivencia de angustia, la del nacimiento, se experimento a partir de la separación de la madre, podría equipararse a la castración de la madre.

No podemos dejar pasar esta frase así nomás, hemos dicho que la angustia requiere de la existencia de un yo, y en el nacimiento no hay ningún yo. El feto enteramente narcisista[1], homeostático, sólo puede notar una enorme perturbación en la economía de su libido narcisista, pero no puede haber angustia, pues no hay yo.

Entonces, el niño no puede experimentar la separación de la madre, porque la madre no constituye ningún objeto para él, es más, piensen que el niño, recién en la fase oral comienza a constituir un objeto que es el pecho, ni siquiera la madre, porque el pecho es de la boca y no de la madre, las madres lo saben muy bien cuando dicen ‘’soy una teta’’

En el capítulo 8 de “inhibición, Síntoma y angustia” va a intentar definir que es la angustia, de hecho la conferencia la empezamos por ahí, porque la definición que habíamos dado de angustia en el comienzo, correspondía a este capítulo 8.

Ahora, recuerden que teníamos, incremento de la excitación, descarga por las vías especificas del corazón y los pulmones y percepción psicológica de esta descarga por parte del yo.

Ahora dice Freud, una vivencia específica de esta índole, que reúne al menos dos de estas condiciones (incremento y descarga), es el trauma del nacimiento. Ahora no dice, como en la conferencia 25, “vivencia del nacimiento”, dice, “trauma del nacimiento”. Trauma quiere decir que el nivel de excitación sobrepasó el umbral, que se rompió la membrana estímulo. Piensen que el aparato psíquico del nacimiento, si existe, está muy poco desarrollado, y por lo tanto el incremento de la tensión tiene que romper el umbral con facilidad. Seguramente en la salida del útero, se provocan cambios en el organismo que deben ser muy difíciles de tolerar, un cambio repentino de temperatura, de presión, porque la presión atmosférica no es la misma que la intrauterina, la alimentación que era permanente por la vía de la placenta, ahora es según el capricho materno. Por lo tanto lo que tenemos en el nacimiento es una afluencia de estímulos que tienen que ser necesariamente displacenteros, si no fuera así, el niño no se la pasaría llorando.

Gráficamente hablando, tenemos el mismo esquema de descarga automática como en las neurosis actuales.

Entonces vemos que con facilidad  se rompe el umbral y hay una descarga, pero esta descarga no tenemos derecho a llamarla angustia, porque no hay un yo que la perciba psicológicamente, aquí tenemos la huella, la marca de origen. Y aquí, la descarga fue eficaz para prevenirse de un  peligro mortal, que como habíamos dicho, es el envenenamiento de la sangre por falta de oxígeno, entonces se trata, del peligro de muerte

Lo interesante es ahora analizar cada uno de los posteriores peligros que aparecen, y cómo reacciona el yo frente a ellos. Si nos metemos con la fase oral, Freud dice, ahora la madre resulta para el niño, el sustituto de la situación fetal biológica, un sustituto totalmente imperfecto, salvo que la madre lo atornille a la teta, cosa que afortunadamente no puede hacer, en el mejor de los casos.

Y dice Freud, lo que ahora, el yo valora como peligro es el  incremento de la tensión de la necesidad frente a la cual es impotente, piensen que el ser humano es excesivamente prematuro y requiere de este Otro para satisfacer sus necesidades. Y  apenas comienza a producirse el incremento, se despierta la huella del incremento anterior, la que dejo el trauma del nacimiento. Y como en la fase oral si hay un yo incipiente, este comienza aquí, a valorar como peligro la ausencia de la madre, la pérdida del objeto, el niño sabe que ella satisface sus necesidades sin dilación. Y dice Freud, antes de que se alcance la situación económica temida, antes de que alcance el umbral traumático, comienza a descargar, ¡adivinen en dónde! Dice, sobre la musculatura respiratoria bocal. El niño hambriento, llora y patalea, esa descarga se dirige al llanto, igual que en la angustia, se acelera el ritmo cardiaco y se produce la dificultad respiratoria. Por lo tanto lo que acá tenemos, es una angustia, pero es una angustia que no viene del desborde traumático, sino que es una angustia que esta antes de eso, antes de que el niño muera de hambre, ya produce la angustia. Por lo tanto esa angustia, merece el nombre de angustia señal. Señala que la ausencia de la madre es peligrosa y afortunadamente el niño llora, ¿por qué? Porque de esta manera la madre se entera, la madre o su sustituto, se entera de que el niño tiene una necesidad y viene a calmarlo.

Vean el siguiente gráfico, y quiero que vean que esta línea es un poco mas aplastada, el incremento es más lento, no es traumático, despierta la analogía con este incremento que hubo del trauma del nacimiento, se revive la huella y se despierta nuevamente el incremento, pero sin alcanzar el umbral traumático. Aquí el incremento más lento, no alcanza el umbral traumático, y descarga lentamente en forma angustia señal.

El niño a lo mejor llora porque la necesidad era el hambre y viene la madre, y se le ocurre que tiene frió y lo abriga, y se muere de calor, pobre. Así la madre,[2] no puede darle al niño el verdadero objeto de la necesidad, pues ella no sabe cuál es, en consecuencia, sólo le da la sombra del objeto, le da palabras: “ya va, ya va”; “espera que termine la novela y te doy”; etc. Así queda demostrado que existe un desarreglo original entre el sujeto y el Otro.

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[1] Se refiere al narcisismo primario, que no es un narcisismo del yo. El narcisismo del yo, es siempre secundario.

 

[2] No se trata de la persona de la madre, sino de su función

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