SyP Lunes, 21 de Abril
26 diciembre, 2010 18:24 Imprimir

Lecciones de introduccion al psicoanalisis: XVIII parte

"Kiss me": Pussy cat doll

Masotta, O.: “Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan” 1ª ed. 7ª reimp. –Buenos Aires: Paidos, 2010.

XVII. Las dificultades del narcisismo

Freud no va a introducir el concepto de narcisismo, sino que va a pensar con todos los medios que tiene a su alcance, para dar cuenta del concepto. Es una reflexión sobre el concepto y no una introducción al termino.

En las neurosis lo que se ve es la dificultad del sujeto con la libido objetal. Y es solamente cuando se descubre el campo abierto por las psicosis que se pone de manifiesto la retracción de la libido al yo.

Introversión significa para Freud el pasaje de la libido de los objetos reales a los objetos de la fantasía. No es la perdida de los objetos, sino la conservación de los objetos en la fantasía. Pertenece al cuadro de las neurosis.

En primer lugar habla ahora de una libido del yo. Pero, entonces, si el yo ahora esta libidinizado, quiere decir que el primer modelo pulsional se le viene a pique. Se le viene a pique porque en el primer modelo pulsional el yo era el centro de la pulsión de conservación. Ahora el yo mismo esta libidinizado. ¿Qué pasa? que la libido esta en todos lados.  No se sostiene el dualismo pulsional: conservación vs. sexualidad.

Cuando se trata del gran dualismo pulsional, Freud es dualista, mientras que, cuando se trata de la genitalidad, niega que haya una pulsión genital y se torna extrañamente monista: solo hay un tipo de libido que es esencialmente masculina, también para la mujer. (Un mundo de mujeres masculinas)

Podríamos decir que el campo teórico tiene tres niveles, tres pisos ideológicamente importantísimos: 1. exigencia del dualismo para otorgar a lo sexual especificidad en tanto tal. 2. indagar sobre la articulación entre el saber y el goce. 3.  solo hay una libido para los dos sexos.

En relación al modelo narcisista de elección de objeto, Freud enumera cuatro posibilidades: (Chico = Falo)

1. Elegir al objeto sobre el modelo de uno mismo, según el “yo ideal”. 2. Elegir al objeto sobre el modelo de lo que uno fue para el Otro. Uno fue el falo faltante de la madre, es decir, el objeto absoluto del deseo de la madre. 3. Elegir al objeto sobre el modelo de lo que uno quisiera ser, según el “Ideal del Yo”. 4. Elegir al objeto sobre el modelo de lo que fue una parte de sí mismo, lo que se perdió.

Hay dos direcciones. Desde el chico, lo que uno fue, es decir, el objeto absoluto del deseo de la madre. Desde la madre, una parte de uno mismo, es decir el hijo como a través de la equivalencia simbólica. No se está hablando de un sujeto, sino tratando de determinar un concepto que tiene más de un sujeto y comprende distintas direcciones.

La hipocondría para Freud es el máximo nivel de retracción de la libido al yo -muy grave porque el nivel de simbolización es el menor posible-. El sujeto no puede simbolizar sino el mínimo posible. En el mismo texto la compara con la megalomanía -el delirio de grandeza- como un intento de simbolizar, aun cuando toda la libido este puesta en el yo. Claro, en un caso, la libido vuelve al yo, pero queda capturada en el organismo; en el otro caso, al menos se simboliza algo. Esta es la idea más interesante. Para Freud la hipocondría seria la ultima retracción de la libido al yo, sin capacidad de simbolización.

XVIII. Valores Estéticos – Valores Éticos

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Sobre la génesis del Superyó Freud dice que se constata en la observación de la vida del adulto la perdida de la megalomanía y la omnipotencia infantil, ¿Que sucedió con aquel narcisismo? ¿Qué será de esa libido yoica? ¿Habrá ido a parar al objeto? Pero la observación clínica nos demuestra lo contrario, porque el neurótico es neurótico precisamente porque no puede poner mucha libido en los objetos. Así pues, ¿Cuál ha sido el destino de esa libido narcisista? Bien, la libido constituyó lo que Freud llama el “ideal” del sujeto: el sujeto se idealiza a sí mismo. Pero cuando se constituye esa función del ideal, el sujeto se desdobla, dice Freud, porque al mismo tiempo sigue siendo un yo real. Se produce una idealización, pero el mismo sigue siendo ese individuo real de todos los días, de modo que se divide entre su ideal y su realidad. El sujeto observa su realidad y la compara con la imagen idealizada de sí mismo. Entonces podríamos decir lo siguiente: función del ideal, yo real, mas la instancia que los compara, todo ello constituye el superyó.

La función fundamental es la de resguardar la posición narcisista del sujeto. Si la función del ideal significa la permanencia en el adulto de la omnipotencia narcisista infantil, entonces la instancia comparadora que trabaja para la idealización, trabaja por el narcisismo.

El yo ideal, podríamos decir, representa el narcisismo, como en su estado bruto; tiene que ver con el doble, con la función del doble, con la relación con el otro en la medida en que está dotado de las mismas propiedades que reconozco en mi. El yo ideal es el otro que soy yo mismo; es el lugar donde la elaboración de la identificación deja al descubierto la mayor cantidad de agresión, por el problema del doble, pero también la seducción que el otro ejerce sobre mí. Es el estadio del espejo. El yo ideal tiene que ver con lo que yo era, en la mediad en que yo era el objeto deseado por mi madre. El objeto deseado por mi madre quiere decir, en verdad, que sus propiedades estaban determinadas por un discurso parental.

El ideal del yo tiene que ver con las identificaciones del sujeto en tanto que se apropia de emblemas, simplificaciones de valores sociales. Se identifica con lo que él se apropia esos emblemas sociales. Tiene una dimensión estética, me invisto con esos valores para “vestirme” con ellos. La función es apoyar las identificaciones secundarias, las del complejo de Edipo. El superyó es la apropiación de un valor, pero un valor que rige la acción, como una recomendación respecto a la acción (dimensión ética en juego). La identificación al ideal del yo es defensiva. Por ejemplo, en el caso de Leonardo, siendo homosexual, se identificaba en su ideal del yo a ciertos valores del padre. Pero esa identificación no es la sexual edipica, sino de otro tipo.

En el análisis se analizan esos emblemas como significantes y se descubre una trama de otro tipo. En primer lugar, para disolver la identificación nada mejor que analizar por el significante.

El superyó, cual defensa narcisista, sería una especie de regla kantiana: “actúa de tal manera que lo que hagas tenga que ver con que no haya perdida narcisista”.

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