SyP Sabado, 20 de Septiembre
26 diciembre, 2010 17:37 Imprimir

Lecciones de introduccion al psicoanalisis: XIV parte

Masotta, O.: “Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan” 1ª ed. 7ª reimp. –Buenos Aires: Paidos, 2010.

X. Deseo y Goce

 

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Cuando el objeto falta porque no está indicado por el deseo del Otro es fundamental. La necesidad del Otro para que haya objeto de deseo.

Los objetos de la sexualidad aparecen generalmente como condicionados. A saber, que presentan lo que Freud llama condiciones eróticas.

Sentir deseo por una mujer elegida por el deseo de otro se explica, según Freud, por el Edipo reducido por el perjuicio del tercero. Se desea a la mujer elegida por otro para fastidiarlo, para perjudicarlo. Ya que la explicación es edipica, el perjudicado es el padre. Pero hay más que eso ya que si no está el otro hombre de por medio, la mujer no sería deseada. El deseo del tercero es aquí el que introduce el objeto y lo torna objeto del deseo (recuerda la labilidad de la pulsión respecto al objeto). Podríamos decir que este deseo del tercero es una defensa contra la labilidad de objeto de la pulsión. Si la pulsión no da el objeto, entonces, ante la posibilidad de una nada de objeto, me defiendo mirando a donde mira el otro. Y allí encuentro al objeto.

Esto nos introduce a un universo donde los objetos aparecen inducidos por deseos de otros. Pero hay algo más interesante aun; decir que se desea el objeto introducido por el deseo de un tercero, es decir que uno se identifica con el tercero. En la triangulación edipica, me enamoro de mi madre y me identifico con mi padre, que en verdad es quien desea a mi madre. O utilizo el deseo de mi padre por mi madre, para darme a mi madre como objeto sexual. Pero entonces, el polo de la identificación es el que en verdad dirige: porque su deseo hace aparecer el objeto del deseo. El objeto de la identificación coincide con el objeto de la agresión. Esto es perjuicio del tercero. El objeto del deseo no surge de la pulsión sino del deseo del Otro.

Condición erótica quiere decir las propiedades exigidas al objeto para que el objeto se torne apto para el goce. Lo importante de las condicione eróticas es el carácter compulsivo y de todo o nada de la condición. La condición determina lo que se torna apto para disparar el deseo y el goce del sujeto con respecto al objeto. Si esa condición no se da, el sujeto esta como trabado.

Displacer se interpreta por su contrario, y así el disgusto hay que interpretarlo como resultado de las barreras que el sujeto se pone para acceder a sus propios objetos de goce. Tanto disgusto como displacer son formaciones reactivas. Indican el afecto contrario al de la conducta. Las formaciones reactivas son apariciones masivas de lo reprimido a traves de su contrario. El disgusto supone placer, significa que el goce que proporcionaría la relación con el objeto esta obturado, hay una represión. Por ejemplo, el rechazo, el disgusto, la vergüenza, son afectos negativos, son deseos en forma negativa y actitudes pasivas frente al objeto. Pero la verdad del disgusto es el placer; la verdad de la vergüenza es el exhibicionismo, que es activo.

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El goce aparece en relación con las condiciones eróticas, porque las condiciones eróticas son las que determinan las propiedades del objeto para que el objeto se torne apto para el goce, no para el deseo. El goce es el usufructo real del objeto. Si el deseo pertenece al subjuntivo, el goce pertenece al indicativo.

El placer hay que oírlo como un principio conservador, relacionado con la homeóstasis en la relación, con el intercambio equilibrado de presiones. El placer seria que la exigencia del objeto o la tensión frente al objeto no fuera ni demasiado alta, ni demasiado baja. Podemos pensarlo como un principio conservador aristotélico, puesto que la ética de Aristóteles es una ética del término medio.

XI. Freud contra Jung

Jung construyo un sistema simbolista idealista, que trataba de describir los acontecimientos reales de la sexualidad del niño como construcciones ulteriores de la vida del adulto. Como si el adulto a posteriori inventara la sexualidad infantil, que no habría existido en realidad. El niño de Jung es un niño inocente, mientras que el niño de Freud no lo es.

En la interpretación junguiana se asciende hacia los arquetipos y la relación sexual se disuelve. En Freud, la interpretación apunta hacia la relación primitiva sexual en la triangulación edipica. La sexualidad infantil, profundamente edipica, para Freud tiene que ser real. Para Jung, son solo construcciones de los adultos.

Si veo ciertas formas y las entiendo como manifestaciones de una verdad preexistente, esto es la base de todo sistema idealista. Se trata de lo que se debería llamar el discurso del amo. El teórico detenta el saber, está cerrado, porque solo hay manifestaciones de formas ya constituidas. Se obtura la historia y la constitución de esos objetos marcados por las condiciones eróticas, los objetos del goce. No puede hacerse su historia porque no hay sexualidad infantil.

La articulación fundamental en el hombre es lo simbólico, no las formas, no los arquetipos en el sentido junguiano, sino lo simbólico como lugar donde se articula la estructura significante y nos remite a esta sexualidad articulada en relación con el falo donde lo que hay son faltas de objeto. El analista es el lugar donde el paciente deposita el saber.

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XII. Consecuencias de la castración

Freud hablaba de otra peculiaridad en la elección de objeto, que es la de ciertos tipos que se enamoran de prostitutas, en una preferencia por el objeto degradado moralmente; degradado en tanto apto para el goce, igual degradación que sufre el objeto cuando solo se toma una parte de él, parcialización del objeto, en el sentido de que es solo una parte del objeto lo apto para el goce.

La condición que se repite está basada en el siguiente juicio: “Si es capaz de hacerlo con un hombre, lo hace con todos. Ella no es mi madre, es una puta”. El niño se niega a aceptar que los mayores tienen relaciones sexuales. Cuando llega a aceptarlo, aun sigue sosteniendo que la madre no y, cuando acepta que la madre también, todavía es mayor la herida narcisista, porque hay otro objeto del deseo de la madre, un objeto que no es el mismo. Entonces hace ese razonamiento. Pero como la madre es modelo de toda elección ulterior de objeto, esto es determinante. Esta aparición de la madre puta cumple la condición de defender narcisisticamente al sujeto porque niega la identidad de la madre y preserva la ilusión fálica.  El objeto de goce es una consecuencia de una defensa narcisista exitosa. Esta operación constituye casi por sí misma la definición del objeto fetiche; un objeto que cumple cierta condición como modelo de elección erótica y que es además, ciertamente, un objeto en el sentido fuerte del término.

El pasaje del momento biológico al momento de la constitución libidinal del objeto, se produce por medio del apoyo o apuntalamiento de la pulsión sobre las funciones de autoconservacion. La tendencia cariñosa, apuntalada sobre el modelo del objeto de la primera dependencia, sobrevaloriza el objeto; mientras que la tendencia sexual degrada el objeto por una operación de estructura y por las propiedades de la tendencia pulsional, el objeto del deseo aparece en cierto modo como degradado. Las dos tendencias no se concilian. El objeto del deseo no se concilia con el objeto del amor. Lo que debe hacer un psicoanalista no es promover objetos de amor, sino dejar expresar los objetos del deseo. Porque los objetos del amor pueden en verdad aplastar los objetos del deseo, y es causalmente por eso que el sujeto enferma.

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La pulsión es siempre parcial -está siempre referida a objetos parciales-, en el sentido de que cuando aparece lo hace sobre el fondo de una caída de la función biológica, considerada como una totalidad. Las zonas erógenas son zonas de auto-contacto, que no sirven desde el punto de vista de la función biológica. Esa imagen de Freud de los labios besándose a sí mismos (chupeteo) –en el nenito, como origen de la zona erógena, como bordes que se tocan- muestra como se origina la sexualidad a partir del apoyo. Como necesariamente el objeto de la pulsión es un objeto de nada, esta pulsión que no lleva a ningún lado y que se sostiene mal, se apoya en los lugares donde nostálgicamente el cuerpo “recuerda” que hubo un objeto.

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1 Comentario

  • Me parece muy importante el analisis que Masotta hace del deseo y del goce pero no es muy claro en la cuestion del trabajo de genero ya que el esta haciendo referencia al padre como soporte del deseo del hijo y no de la hija y esto cambia la perspectiva dl enfoque,autores como Castoriadis no plantean el edipo desde la tesis del deseoy prohibicion delhijo por la madre sino desde la perspectiva de sujeto social, la totetimacion viene a representar en este caso a un sujeto atravezado por la intitucion social o como el lo refiere por el imaginario social intituyente y no clasicamente se ha postulado.

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