SyP Martes, 2 de Septiembre
2 octubre, 2010 15:49 Imprimir

Otro estadio del espejo para pensar los Trastornos Narcisistas no psicoticos

El espejo, lejos de ser un punto de partida, es el resultado de las identificaciones precoces del niño con la figura materna. Este pasaje por el cuerpo propio es uno de los más significativos desde la pérdida del cuerpo materno hasta su recuperación en el plano imaginario

Donde esta Wally? Caritas perdidas

Revisión del Estadio del Espejo:

RODULFO, R.: “trastornos narcisistas no psicóticos”. Paidos. 1995. Cap. 13: La permanencia del objeto y la constitución de la función de síntesis en los trastornos narcisistas no psicóticos.

El espejo implica un esfuerzo por trasponer la impresión visual del objeto por otra propia a través de la motricidad. El privilegio de la visión de la propia mano anticipa el discernimiento entre familiar y extraño. El hecho de que le niño se toque el rostro lo lleva a interrogase por sus propio rasgos y a hallar una primera respuesta consistente en mirarse las manos en las que ve reflejada su imagen. Al principio el niño no tiene rostro, solo tiene el rostro de la madre. Justamente el hecho de estar en el otro y no en si mismo deriva su torpeza para el pensamiento abstracto, cuenta con la cabeza del otro para poder tener la propia.

El espejo, lejos de ser un punto de partida, es el resultado de las identificaciones precoces del niño con la figura materna. Este pasaje por el cuerpo propio es uno de los más significativos desde la pérdida del cuerpo materno hasta su recuperación en el plano imaginario; al desdoblarse por medio de la imagen especular que los sitúa a la vez aquí y allá como un objeto mágico virtualmente ausente y presente. El cuerpo propio se define por ese vacío que se esfuerza en llenar.

Para lacan es un momento de júbilo, para Dolto de dolor, al advertir la distancia que separa cuerpo de imagen. El dolor surge por la imposibilidad de reducir la imagen al cuerpo vía un proceso orgánico incorporativo, sino que exige una tramitación psíquica, identificatoria en lugar de incorporar. Aquí se produce la categoría del extraño.

Debe conciliar la presencia en la memoria con la ausencia perceptual, lo cual exige diferenciar entre la imagen reflejada en el espejo y el propio cuerpo. La resolución se anuda con el nombre propio. Identificación a “bebe ooo”. Discierne que la alternancia, presencia y ausencia visual, deriva de la motricidad de un acto. Ahora el cuerpo o algunas partes coinciden con la palabra que lo nombra y puede ser proferido por el mismo niño. (En el niño del trastorno hay dificultad en la unión de propósitos y realización). De esta producción psíquica de los rasgos vía la nominación deriva la identificación con la propia imagen visual surgida de la identificación con el propio cuerpo, y en consecuencia una desidentificación con respecto  a la imagen del rostro materno. Sustituye la motricidad por la palabra.

Desde ahí el objeto alcanza la permanencia a la vez fantaseada y perceptiva: fantaseada porque el cuerpo, tomando el relevo del objeto ausente, le restituye a través de la imagen que vea parecer en el espejo una existencia temporo-espacial cuasi real. En cuanto al problema de la permanencia perceptiva, el juego del arrojar, por imaginario que sea, termina con la irrupción de la madre dentro del campo visual del niño, y puesto que una vez allí la madre amenaza con volver a partir, la constitución del objeto debe proseguir en su presencia. Se asiste entonces a una inversión imprevista: la madre presente debe ser aprehendida como la que podría no estar allí. El niño lo demuestra cuando juega a partir, recreando la imagen de la madre a punto de irse.

Puntualicemos el término final de esta actividad lúdica: mas allá de la permanencia del objeto, el niño procura captar la figura materna integrando lo percibido y lo imaginado, a partir de una síntesis espontanea en los aspectos positivos y negativos que corresponden a la ausencia y presencia y que se unen al fin. Dicha síntesis, subyacente en la experiencia del espejo, constituye el común denominador de la imagen especular y del cuerpo real, y en tal condición permite al niño reconocerse en ese otro que le devuelve lo especular. El atravesamiento por el juego del arrojar permite alcanzar la posición del objeto como idéntico a sí mismo desde un doble punto de vista:

  • La madre es aprehendida como un objeto real que encierra la posibilidad de su ausencia;
  • Y el otro, aun si llega a desaparecer, no dejara de poseer la constancia propia de lo imaginario.

Los aspectos perceptivos e imaginarios forman así un todo, capaz de asegurar el dominio sobre los objetos, estableciendo el objeto como idéntico a pesar de su existencia lacunar. Es así como el cuerpo propio da al niño la posibilidad de inscribir el objeto materno como alteridad y, a la vez, a través de ese objeto se reconoce como estructura corporal inacabada.

Esta primera síntesis objetal abre un campo ilimitado para la inauguración de la función de síntesis y para la utilización en los procesos de aprendizaje.

SEGUIR LEYENDO

Deja tu comentario Facebook

Deja tu Comentario


29 julio, 2014 18:59

Myle Cirus & Justin Bieber 2014 Love Tour LATINOAMERICA

5 diciembre, 2012 21:34

Localización subjetiva

29 julio, 2012 17:32

El caso Schreber 2.0

25 octubre, 2011 9:55

Cine y Psicoanálisis

29 septiembre, 2011 10:19

Ensayo breve sobre La Perversión

21 septiembre, 2011 11:10

¿Como armar una Biblioteca Perversa?

Otras Noticias