SyP Miercoles, 17 de Septiembre
4 diciembre, 2010 22:16 Imprimir

Las Fantasías Perversas de los Neuróticos (Ejemplificaciones con el historial de Dora)

El sentido no es la causa del síntoma, esta es real, el sentido es un efecto en lo imaginario. Las fantasías (el sentido) se agregarían por la vía de una soldadura, a algo heterogéneo a ellas: al hueso duro – real del síntoma, designado por Freud solicitación somática.

Del síntoma a la fantasía…Perversa:

Párrafos seleccionados del artículo de Schejtman, F., “Seminario: Las Fantasías Perversas de los Neuróticos: 1. Fantasía y Pulsión en el síntoma neurótico”. - En Cizalla del cuerpo y del alma. La neurosis de Freud a Lacan, Berggasse 19, Buenos Aires, 2006.

La fantasía que subyace al síntoma de la tos de Dora, es una fantasía de contenido sexual oral (Para Freud fantasía de fellatio -succión de  miembro viril-, no así para Lacan, que ubica el Cunnnilinguus – el padre chupa allí, y con él se identifica Dora: allí donde el padre chupa, Dora tose). Freud matiza indicando que al menos uno de los significados del síntoma debe corresponder a una fantasía de este tipo, en tanto que los otros sentidos que porta el síntoma pueden tener otro contenido.

Freud ubica este ejemplo de formación de síntoma como del segundo tipo de identificación: la identificación regresiva con un rasgo del objeto amado.

La fantasía se liga al campo del sentido, lo que anticipa la noción lacaniana de fantasma que, desde cierta perspectiva, no es otra cosa que un sentido fijo, un sentido fijado, coagulado.

Freud destaca una diferencia entre lo que llama la solicitación somática y el sentido del síntoma: el sentido del síntoma solo se agrega secundariamente y, lo hace por la vía de una soldadura que le otorga al síntoma una intencionalidad, una utilidad, de la que originalmente carece. “El síntoma es primero, en la vida psíquica, un huésped mal recibido. Al comienzo no cumple ningún cometido útil dentro de la economía psíquica, pero muy a menudo lo obtiene secundariamente.” Solo secundariamente el síntoma se recubre por el sentido. El sentido no es la causa del síntoma, esta es real, el sentido es un efecto en lo imaginario. Las fantasías (el sentido) se agregarían por la vía de una soldadura, a algo heterogéneo a ellas: al hueso duro – real del síntoma, designado por Freud solicitación somática.

La fantasía que subyace a la tos de Dora, es calificada por Freud, como perversa, en tanto define a las perversiones como conductas desviadas respecto de la “norma”, por el objeto (caso de la homosexualidad) o por el fin sexual (Sadismo-Masoquismo, Exhibicionismo-Voyeurismo). En el caso de Dora, se trata de una satisfacción sexual desviada de la norma por su fin o meta sexual.

Las fantasías inconscientes de los neuróticos, que se expresan en los sintomas y son reveladas por la interpretación psicoanalítica, no se distinguen en nada, en cuanto a su contenido, de las acciones perversas. “Las fuerzas impulsoras para la formación de síntomas histéricos no provienen solo de la sexualidad normal reprimida, sino también de las mociones perversas inconscientes”

La perversión propia de las pulsiones parciales, no está referido a tal contenido o a tal práctica, sino más bien, a la relación de la pulsión con su objeto que, necesariamente, no puede ser nunca el adecuado puesto que, justamente, el objeto adecuado – el normal – es el que falta. El carácter parcial de la pulsión y aquel perfectamente contingente de su objeto, es lo que Freud acentúa cuando se refiere a la perversión propia de la pulsión.

 

Traduccion: "Lo siento Doc, pero no puedo sacarmelo de la cabeza"

De la masturbación al Síntoma: La masturbación infantil originariamente era una acción autoerótica pura, destinada a ganar placer de una determinada zona erógena. Este primer tiempo es de pura autosatisfacción, sin referencia a la fantasía. El autoerotismo supone la satisfacción anárquica de las pulsiones parciales. Este primer tiempo responde a la necesidad lógica de suponer un momento en que la satisfacción pulsional se hallaría aún desprovista de cualquier marco fantasmático. Solo en un segundo tiempo lógico esta pura autosatisfacción se suelda con la fantasía, con el campo de las representaciones-deseo, tomadas del circulo del amor de objeto –complejo de Edipo-.

En un tercer momento Freud ubica la renuncia a esta clase de satisfacción masturbatoria y fantaseada. Con esta renuncia, la fantasía misma de consciente que era, deviene inconsciente. La represión de la fantasía deja abierta la posibilidad para la formación del síntoma patológico.

El síntoma neurótico viene al lugar de la masturbación abandonada y que tendrá por base la soldadura del goce pulsional con la fantasía calificada de perversa.

En el caso Dora lo que se ubica como goce pulsional, satisfacción autoerótica pura, o también llamada precondición somática (anterior y condición de la posterior solicitación somática) es la satisfacción de la zona erógena oral. Dora era una chupeteadora de niña. La fantasía de comercio sexual oral se agregaría secundariamente, estaría montada; proveyendo de marco fantasmático, sobre esta autosatisfacción por el chupeteo.

La intensa activación de esta zona erógena a temprana edad es la condición para la posterior solicitación somática. Primero ubicamos el puro goce de la pulsión oral, luego la escena, la elaboración psíquica, un marco fantasmático para la pulsión oral. La escena con el hermano, es ya una relación con el Otro y matriz imaginaria o clise que se repite y organiza todas las relaciones de Dora con su objetos de amor y odio. De modo que esta matriz se encontraría también sosteniendo aquella fantasía que subyace al síntoma de la tos, esa escena fantaseada que daría cuenta de lo que harían su padre y la señora K.

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La soldadura no consigue suprimir la heterogeneidad de los dos elementos a soldar, con lo cual persisten y confluyen las dos satisfacciones en el síntoma (goce autoerótico y fantasmático). El goce autoerótico persiste a pesar de ser enmarcada la pulsión. El goce autoerótico –ligado a la satisfacción anárquica de las pulsiones parciales- se deja domesticar por el fantasma… no todo. Lo que se enmarca queda calificado de perverso y domesticado por el principio del placer. El fantasma tendría por función transformar el goce pulsional, que esta mas allá del principio el placer, en; justamente, un goce enmarcado, limitado, ajustado al principio del placer. Goce placentero, dormitivo.

Lo traumático es el sin-sentido del deseo del Otro y el fantasma, entonces, ya es una respuesta, de sentido, aunque de él, el neurótico, por lo general nada sepa puesto que lo encuentra velado entre sus sintomas.

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